
Recorro un angosto camino que imagino me llevará felizmente hasta donde esta ella, hasta donde me espera con esa sonrisa que extraño y sus ojos azul intenso, donde por fin podré descansar arropado en sus brazos. Miro a ambos lados, me encuentro solo, pero me hubiese gustado tener la compañía de alguien, cualquiera, para no sentir tanto la abrumadora soledad que me regala el abrazo del bosque de pinos que me rodea. Ya olvidé de dónde vengo, pero de seguro sé hacia donde voy… voy camino de volverme infinito, de estar completo, de darle un sentido a lo que hasta ahora llamaba existir; voy en camino a “vivir”. No sé de donde viene este pensamiento y porque no me pregunto que estoy haciendo aquí, solo que no importa nada más que encontrar esa parte que me falta, eso que aún desconozco pero que me completará.
Después de un rato caminando, diviso una silueta en la oscuridad, me acerco con las mismas ganas de un sediento ante la visión de un oasis, deseando que fuera ella para abrazarla a mi llegada, pero mi esperanza, cansada, suspira con desgano, mi visión no es más que otra alma errante.
-¿Sabes dónde estamos?-me pregunta la chica, y sus ojos brillan con un extraño fulgor.
-Lo ignoro, aunque sé…por una razón que desconozco, que es lo que vine a buscar.
Mi respuesta al parecer solo desconcertó más a aquella mujer de apariencia tan peculiar que me había encontrado. Tenía más o menos mi edad, o eso creo, cabello negro como la noche hasta la altura de los hombros y ojos color ámbar. Su mirada estaba como desenfocada, perdida en una inmensidad que tal vez solo ella advertía.
-No sé a dónde vas, viajero…pero ya me cansé de andar sola por este lugar en…Dios sabe dónde. –titubeó un poco antes de terminar, como si temiera las consecuencias de sus palabras y de las mías. -¿Puedo acompañarte? –soltó finalmente.
Siendo honesto pensé unos segundos en decirle que no, pero su apariencia de damisela en apuros me ablandó el corazón, del que curiosamente extrañaba los latidos. Si mi madre estuviera aquí, de seguro me regañaría por haber pensado en dejar tirada a una mujer que necesita ayuda. Recordé entonces cual fue mi primer deseo al llegar acá, “compañía”, así que terminé por aceptar.
-Está bien…puedes venir conmigo. –su mirada se encendió con aquel fulgor nuevamente. –Solo no me retrases.
-No lo haré.
Mi nueva amiga, que se presentó a sí misma como Clara, me contó un poco de su estadía en aquel lugar, de cómo un día se fue a la cama, para luego despertar, herida por el frío, acurrucada en las raíces de un viejo sauce llorón en medio del bosque de pinos. En donde vivía antes, tenía una espléndida pero solitaria vida. Solo me casé una vez, me dijo, y tengo que admitir que, de haber sabido en lo que terminaría, no hubiese tomado los votos nunca.
-Supongo que nada de eso importa ahora… ¿verdad? –dijo al ver que mi mirada se perdió un poco en la enmarañada maleza de un arbusto que pude jurar haber visto moverse.
-Espera…-le pedí. –Creo…creo que he visto algo.
Se puso detrás de mí casi de un salto.
-¿Qué? –dijo soltando luego un gemido contenido.
-Shhhh…silencio. Creo que he visto algo moverse tras aquel arbusto.- le susurré señalando con mi índice la maleza.
Pasamos unos segundos que parecieron eternos. Abrazada a mi espalda, Clara rezaba con una voz casi inaudible un Padrenuestro. Yo, me limitaba a observar con los ojos entrecerrados la zarza, esperando que, de un momento a otro, algo saltara para atacarnos…pero nada pasó al final, excepto por una fría brisa que hizo ulular al viejo bosque; era como si entonara una canción aprendida de memoria con los años.
-No es nada, -dije resuelto a continuar. –al parecer la oscuridad y el viento me jugaron una mala pasada.
Sin más continuamos nuestro camino, pero a partir de ahí, la sensación de ser observado me acompañó todo el tiempo. ¿Había algo realmente acechando amparado en la opresiva oscuridad de la noche? No estaba seguro, pero no podía evitar mirar por encima de mi hombro.
A pesar de andar por horas, tenía la sensación de no estar avanzando, era como caminar en círculos, pero definitivamente todos los lugares parecían ser el mismo, cada árbol, cada sendero, incluso cada hoja, perecía repetirse idénticamente cada cierto tramo de camino. Le hice una seña a Clara para detenernos, a pesar de no escuchar mis latidos y no sudar ni una gota, me dolía todo el cuerpo. ¿Qué demonios pasa y dónde estoy?
-Descansemos por un rato. –Clara solo asintió con la cabeza- Si quieres duerme, aunque no sé si acá podamos hacerlo…yo haré la primera guardia.
-Vale…-guardó silencio unos segundos – ¿Te puedo preguntar algo? –Asentí con la cabeza- ¿Cómo te llamas?
-Ethan…-dije solamente.
Se acomodó sobre la hojarasca seca debajo de un árbol y cerró los ojos, al poco tiempo respiraba con tranquilidad. Así, tan tranquila, la observé un poco mejor. Era muy bella, de hecho, de las mujeres más bellas que hubiera visto. La verdad no sé cuánto tiempo pasé mirándola, solo que parpadeó un poco antes de despertar y de nuevo me endulzó el color de sus pupilas.
-¿Cuánto tiempo llevo dormida? –dijo entre bostezos.
Sacudí un poco la cabeza y carraspee para disimular.
-La verdad…no lo sé. Es un poco difícil calcular el tiempo aquí.
-¿Pudiste descansar un poco?
Sí…-mentí.- aunque con un ojo abierto y el otro cerrado. Tenemos que seguir…
Volvimos a andar, ya con menos entusiasmo que al principio, cuando pensamos que encontraríamos algo, lo que fuera, pero los días se sucedían y cada vez nos costaba más continuar. Pero como si algo estuviera observando, como si algo moviendo los hilos supiera lo poco que quedaba de nuestra esperanza y nos ofreciera un soplo de aire fresco,nos encontramos una sencilla cabaña. Al principio no tenía intención de detenerme, pero las llagas de mis pies, la necesidad de un descanso de verdad y los ojos de súplica de Clara terminaron por convencerme.
Los primeros días todo bien. Me estaba acostumbrando a la idea de estar en un solo sitio, mientras combatía aquel intenso deseo de seguir buscando a pesar de querer esperar un poco más, de querer detenerme, no pensar en aquello que me falta y que me baste con lo que tengo…pero mi corazón no latía en la misma frecuencia que mi cabeza. Sentado en el porche delantero miro a la arboleda, solo pinos la conforman, un bosque muy raro. Frente a lo que era ahora nuestro refugio, un polvoriento y amplio camino cortaba en dos la línea de troncos que se empinaban hasta donde la vista alcanzaba, como si llegaran a tocar el cielo, no dejando ver ni un ápice de azul.
-¿Te pasa algo?- me pregunta Clara mientras barre un poco la entrada de la cabaña.
Le dedico una mirada que al parecer le dio gracia pues rió divertida.
-Deberías verte la cara. Pareces… ¿qué se yo?
Sin poder evitar reír, aún sin saber ni porque, corrí en dirección a ella.
-¡Ahora verás! –la amenacé bromeando y fingiendo cara de seriedad. Ella salió corriendo entre risas.
Unos segundos después la alcancé y ambos caímos sobre la hojarasca riendo como niños. Mirándola a los ojos, con sus labios a menos de dos centímetros de los míos, poco a poco la sonrisa fue dando paso a un silencio que hizo que mi cabeza dejara de pensar por un momento…Su respiración se tornó suave y sus ojos se clavaron en los míos. La calidez de su piel, el olor de su pelo, todo aquello hizo que me resultara sobrehumano el contener mis deseos de besarla. Así que la besé. Delicadamente. Mis manos se enredaron en su cabellera mientras me saciaba de aquellos labios que no pude evitar desear, esos labios que me hicieron olvidar la intensidad con que ardían las ganas de encontrar aquello que me hiciera completo cuando llegué aquí. Por un momento olvidé mi propósito acá.
Me aparto con violencia. No quiero, no quiero, no quiero, no quiero quedarme. Mi cabeza quiere huir pero mi corazón quiere quedarse. ¿Mi corazón? Ese latido que demuestra que estoy vivo, comenzó a sentirse de nuevo en mi pecho. ¿Acaso es que la amo? Idiota…idiota…idiota. Solo…!quédate! Pero mis pies empezaron a caminar y mis latidos de a poco desaparecieron también. Caminé durante horas, sin rumbo fijo, sin mirar ni siquiera que se había estirado sobre mí el manto nocturno y la frialdad de la brisa que me despeina hiere mi piel. Me paralizo, miro alrededor, no hay nada, mucho menos alguien. Tengo por compañía el sonido del bosque, la fría brisa…sonrió, no estoy solo, te tengo a ti, mi adorada y triste “soledad”.
Mi pensamiento volvió a la cabaña, a Clara. Mis latidos se sintieron otra vez, acompañados de un intenso dolor que me hizo caer de rodillas. No importa, tengo que ponerme de pie y correr hacia ella. Pero no sé a dónde ir y mis piernas, cansadas, se tamalean. Caigo. Mi cara golpea el suelo, mis oídos comienzan a silbar y mi vista se vuelve brumosa…luego la oscuridad terminó tragándose mi mundo.
-Ethan…Ethan…-una distante voz susurraba mi nombre –Ethan…Ethan…-cada vez más cerca. Y la calidez de una mano en mi rostro – Ethan…ETHAN…-al fin logré reconocer la voz, o eso creo. Es Clara… -ETHAN…ETHAN… -sí, no hay duda, es ella.
Comienzo a abrir con suavidad los ojos, pero solo me encuentro el sol lastimando mis dilatadas pupilas. Me protejo con mi brazo, ruedo por el suelo y me incorporo rápidamente. Miro por todos lados.
-¿Clara? – no hay respuesta – ¿Clara? –Otra vez nada- ¡CLARA!…! CLARA! –ni siquiera el eco me respondía. -¡MALDITA SEA! ¡!!CLARAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!
Ese último grito lastimó mi garganta. Mis ojos se llenaron de lágrimas de impotencia, de ira. ¿Cómo puedo haber sido tan estúpido para no darme cuenta? Ella es lo que buscaba, pero al no ser como la imaginé, la rechacé con todas mis fuerzas…y me doy cuenta ahora que la pierdo que no quiero seguir adelante sin ella. Donde quiera que sea que vaya, quiero que vaya conmigo, que esté ahí para mí y yo para ella. Pero ya es demasiado tarde. No sé ni siquiera a donde he venido a parar, hacía donde debo caminar para ir a su encuentro. Me he perdido tratando de encontrarme.
-¡ETHAN! –un grito me devuelve al bosque – ¡ETHAN! – ¿acaso mi cabeza me juega una mala pasada? -¡ETHAN! –volteo a ver de dónde proviene la voz. Es Clara… ¿lo es? ¿O es solo un espejismo de este maldito bosque? Corro hacia ella, su rostro está pálido, ojeroso, su semblante luce desmejorado y aparentemente a perdido peso pues se le notan algunos huesos a través de su ropa que está desgarrada y desgastada al parecer por los arbustos del bosque. Ha venido tras de mi…La sostengo entre mis brazos, ella, al abrir los ojos y verme, sonríe y lágrimas se escurren por sus mejillas.
-Qué bueno que te encuentro… -dice con voz débil, trémula, apenas audible- estaba preocupada.
Yo no puedo evitar mi llanto, algunas gotas caen sobre su rostro. Quiero decirle que la amo. Pero cierra los ojos y pierde la consciencia.
-¿Clara? -digo, desesperado, pero no responde, es solo una cuerpo inerte entre mis brazos añorantes.
La cargo en brazos, corro desesperado aunque no sé a dónde ir. Mi garganta duele de tanto gritar por ayuda…pero no aparece nada ni nadie, solo el viento ulula entre los pinos y una fina lluvia comienza a cernirse sobre nosotros. El lodo me hace trastabillar y me caigo hacia adelante, pero me volteo en el aire para no caer encima de Clara que aún no despierta. Mi espalda golpea con violencia el suelo, chapoteo en el fango y resbalo un poco, pero la sostengo, no la soltaré nunca. Ya sin esperanzas, casi a punto de rendirme, de dejarme morir junto a ella, algo llama mi atención. Una extraña marca en un árbol en la que pude reconocer mi nombre. Me levanto reuniendo las pocas fuerzas que me quedaban, más allá del árbol, diviso la cabaña. Gracias Clara, me digo, fue ella quien talló nuestros nombres en aquel árbol al parecer después de que me fuera, justo antes de seguirme, de partir en mi busca sin saber si me encontraría, sin saber siquiera si la estaría esperando. ¡SOY UN IDIOTA!
Abro la puerta de la cabaña con rapidez y enciendo el fuego de la estufa, busco unas mantas y la envuelvo con cuidado para que entre en calor después de quitarle la ropa mojada. Me tumbé a su lado, su débil respiración cerca de mi cara, sus labios morados por el frío. Es mi culpa. La velé hasta que me ganó la fatiga, hasta que no aguanté más y la abracé para quedarme dormido junto a ella. Al despertar, ella aún no abría los ojos, pero había recuperado al menos el rojo de sus labios y el rubor de sus mejillas. Al parecer, no tardará en despertar.
(…)
Parpadeo, alrededor, todo comienza a hacerse nítido lentamente. El, me mira con una sonrisa en los labios.
-¿Dónde estoy? –Le pregunto- ¿Cómo es que…?
Se agacha y pone su dedo índice sobre mis labios.
-Shhhhhh…eso no importa. Solo importa que estamos los dos acá y que no me iré a ninguna parte. No me interesa como llegué, ni que es este lugar, ni siquiera si estoy vivo o muerto…solo me interesa que estés conmigo. Sabes, ahora que lo pienso mejor, no recuerdo haberme sentido tan vivo como ahora, así que si esto es la muerte, vendito sea lo que me trajo hasta aquí. –un largo silencio después de esas palabras tan profundas y yo sin saber que decir. Los dos, en silencio, mirándonos. Agaché la mirada al percibir el deseo en la suya, mis mejillas ardían así como mis orejas. Debo parecer una colegiala. Para mi suerte, continuó hablando. – Estaba preocupado. ¿Cómo se te ocurrió hacer una locura así? Podías haber muerto… – no pude contener la toz que llegó a mi garganta de manera apremiante, así que tosí. – Lo vez, ahora estás resfriada…por suerte te encontré y luego tu me ayudaste a encontrar mi camino.
-¿A qué te refieres? – Solté con un hilillo de voz apenas audible… ¿qué me pasa?
-Me refiero a que encontré la cabaña gracias a los nombres que tallaste en el árbol…gracias.
Tomó mi barbilla y me besó con suavidad, pero con una calidez que nunca antes había sentido en otros labios.
-¿Qué haces? – Protesto y lo aparto poniendo mi mano sobre su firme hombro.
-Antes no te molestó que lo hiciera…fue justo antes…
Se calló repentinamente, mejor, igual guardo un recuerdo dulce del beso, pero que luego se amargó al verlo partir, al ver como ignoraba mis llamados, mis súplicas para que no se fuera mientras se iba haciendo más y más pequeño en el polvoriento camino. Nunca entendí el motivo de su partida, nunca comprendí que era lo que buscaba tan desesperadamente que le quitaba el sueño por las noches, solo me di cuenta al cabo de los días, de que lo necesitaba, así que salí a buscarle, aún sin saber si le encontraría, aún sin saber si querría volver… igual, supongo que ahora no importa… ¿o sí?
-¿Encontraste aquello que buscabas? –dije sin pensar, siguiendo mis impulsos e ignorando mi pensamiento racional.
-Si…lo tengo justo delante. –sus palabras se sintieron como un taladro abriéndose paso por mi pecho, pero no pienso permitir que me lleguen al corazón, estoy muy dolida y debo protegerme para no estarlo más. Cruzo mis brazos, no me importa que advierta que estoy a la defensiva. – Entiendo tu recelo, – continúa Ethan – si fuera tú, tampoco me creería. Al llegar aquí no sabía realmente que buscaba, perseguía un ideal que ni siquiera sabía si existía…entonces, te encontré a ti. Y al no ser como te imaginé, te pasé por alto, cometiendo el peor de mis errores. No fue hasta que te perdí cuando me di cuenta de que todo lo que buscaba lo tenía contigo, que por mi tonta idea de la mujer perfecta había dejado pasar la que, con sus virtudes y defectos, había hecho latir de nuevo mi corazón…me olvidé de lo importante, lo que hace que valga la pena la existencia, me olvidé del amor. – Silencio otra vez, y de nuevo, no tengo idea de que decir. Quiero solo abrazarlo, besarlo, decirle que también lo quiero. Pero lo castigo, aunque haciéndolo, también me castigo a mí misma. ¡Estúpido orgullo herido! Se pone de pie y me da la espalda. ¿Acaso eso es sangre? Me pongo de pie y toco la mancha de su camisa, sí, es sangre.
-Estás herido. ¿Cómo te sucedió esto? Déjame revisarte… -mi preocupación era evidente en mi tono y en mis palabras, pero no importa.
-No es nada…solo me caí cuando regresaba acá contigo en brazos.
-Quítate la camisa, voy a revisarlo.
Me hizo caso sin protestar, busqué agua y unos trapos limpios para limpiar las heridas, por suerte, solo eran superficiales y algunos moretones. Se sentó en el suelo y yo de rodillas me puse detrás para hacer de enfermera…me deleitaba con la visión de su espalda, de lo ancho de sus hombros, y sentí la firmeza de su abrazo el día que nos besamos, ese día en que el sueño se hizo pesadilla demasiado pronto.
-¡Ay! –se queja, y me doy cuenta de que lo lastimé por el enojo que me produjo el recordar verlo marcharse.
-Lo siento… – me disculpo.
-No pasa nada…estoy bien si estás conmigo.
Se volteó y me tomó de la cintura con su brazo derecho, con firmeza, mientras su mano izquierda se deslizó por detrás de mi cuello para terminar entrelazando los dedos en mi pelo. Acercó sus labios a los míos, dejando escapar un suspiro de deseo reprimido, se contiene, así como intento hacer yo. Pero no me di cuenta de que evitar lo que sentíamos, evitar que nos entregáramos el uno al otro, era como querer detener el paso del tiempo. Muerdo mis labios, el me ve hacerlo y me aprieta contra su cuerpo un poco más. Quiero que me bese, pero solo se queda allí, mirando cómo muero de ganas de que lo haga. Acaricio con el dorso de mi mano su rostro y puedo jurar haber visto dibujada en sus labios una sonrisa justo antes de que se fundieran con los míos, justo antes de que nos entregáramos sin importar nada más. Ni de dónde venimos, ni lo que éramos antes, olvidando felicidades, tristezas, rencores y gratitudes. Ahora solo importa el hoy, el mañana como no podemos advertirlo, nos enfocaremos en tratar de construirlo lo mejor posible. Ahora solo importa lo que somos y lo que podemos llegar a ser juntos. Si esto es la muerte, vendito sea lo que me trajo aquí.
(…)
Espero que les haya gustado, pero lo más importante, que lo hayan entendido. A veces me cuesta mantener mis ideas controladas y termino divagando o narrando algunas partes de manera diferente, supongo que reflejando un poco mi humor de turno…igual, ustedes que me leen sabrás mejor que yo a que me refiero. En fin, si tienen alguna duda, por favor déjenla en los comentarios y la atenderé con la mayor brevedad posible. Igual si les gustó, pueden reflejarlo y si no, pueden criticarlo, uno u otro comentario, me servirá para seguir creciendo y tratando de ser mejor en esto que me apasiona que escribir. En fin, un abrazo a los que me leen y namaste.
PD: Esto no tiene título aún, escucho sugerencias en los comentarios.



