
Salgo a la calle donde en la esquina próxima a mi casa un grupo de vagos y alcohólicos personajes le quitan brillo a la cuadra, pero no sé porque hoy en particular no me molesta, algo dentro de mi no está para juzgar, no cargo prejuicios en mi mochila de viaje, me siento ligero. Sé que Amanda tiene la culpa de ello, pero mi estúpido orgullo tiene vida propia y a veces toma el control y solo puedo sonreír cuando me preguntan que por qué luzco más radiante, bromista, relajado que de costumbre, dejando la duda a los demás. Simplemente soy así. El sol se asoma por encima de las casas y me hiere los ojos con sus primeros rayos, en otro momento hubiese protestado, pero hoy, hoy no, hoy todo es color de rosa. Me levanté temprano para asistir a mis clases de inglés, que no empiezan hasta las 9:00, pero me adelanté para sentarme un poco en el parque, no sé, a mirar pasar a la gente. Suena estúpido escrito de esa manera, pero en mi cabeza no tanto, en mi cabeza todo está en calma. Soy como soy, pero no soy una máquina.
Camino frente a La Periquera, dentro hay una exposición de unos cuadros un poco demasiado extraños para mi gusto, sonrío, en realidad no entiendo lo que llaman arte a veces. El olor a cerveza derramada inunda mi nariz al pasar La Begonia, haciéndome sentir sediento y trayéndome algunos recuerdos de un período que por el tiempo que hace no lo rememoraba, parece de otro siglo, de otra vida. La cerveza sudando en mi mano, la música de fondo entonada por Ricardo Arjona, Sin ti, sin mí, pero sobre todo la compañía, eso que puede hacer del lugar más sencillo el más maravilloso…aviento mi mano sobre la cabeza como quien borra una pizarra para dejar el pasado donde pertenece y subo los escalones para sentarme en un banco.
El tiempo pasa mientras le escribo un mensaje a Amanda, quiero que en cuanto despierte me recuerde. “Buenos días mi sol, muero de ganas de verte. Besos.” Pulso enviar y se va por la red parte de mi cariño con el sms, esto es tan inexplicablemente increible como terrorífico. Qué más da, no pierdo nada con darme la oportunidad, no puedo ser tan cobarde de no arriesgarme, al final, ya estoy metido de a lleno en esto, ahora solo me queda seguir adelante. Esto se siente bien, me gusta.
-¿Leo?- una melódica y familiar voz me hace precipitarme de mi nube y caer de golpe y porrazo en el banco donde estaba sentado mi cuerpo, pues mi alma errante flotaba aquí y allá, extasiada.
Volteo hacia la voz y me encuentro con unas pupilas nocturnas que me revolvieron las ideas.
-¿Isabel?-balbucee.
-Pues claro tonto, es que acaso ya me olvidaste.
-Como hacerlo.-dije para mí en voz baja apartando el rostro.
-¿Cómo dices?-interrogó ella, mientras yo hacía de tripas corazón para evitar la acides con que quería hablarle.
-Eres difícil de olvidar, créeme, lo sé mejor que nadie.
-No sé como tomar eso que me dices…bueno, da igual. ¿Qué tal has estado?
Esa pregunta ya la veía venir, no soy machista, pero las mujeres tienen una idea un poco errada en cuanto a rupturas. Creen que cuando algo se acaba tenemos que estar destrozados, tristes, melancólicos, tenemos que sufrir como si el mundo hubiera acabado, incluso aunque tú hayas terminado la relación por culpa de ella. Bueno, lo de la culpa es relativo en su cerebro, al final, tu siempre eres el malo, la culpa nunca cae al piso, te la arrojan encima y lo peor, algunos tontos hasta se lo creen después de las lágrimas de cocodrilo. Vamos, que no estoy diciendo que siempre sea así, si tienes la culpa lo mejor que puedes hacer es disculparte y tratar de enmendar, hay que ser un caballero, de eso dependen muchas cosas, lo que digo es que, en este caso, las cosas son de un matiz más bien negro, sin tonos intermedios de gris.
-Pues sentado, parado, acostado…creo que eso depende de la situación en que me encuentre.
-No cambias, sigues tan pesado como cuando estábamos juntos.
Segundo asalto, quiere saber como recuerdo la relación para ver si pensamos igual en ese sentido, pero en realidad prefiero irme por la tangente, por suerte el tiempo está a mi favor y ya casi tengo que irme a la clase. Mi teléfono suena indicando que tengo un nuevo mensaje, es de Amanda. Por un segundo olvido que Isa está a mi lado y leo el texto: “Yo también quiero verte, muero de ganas. Ven esta tarde. Xoxoxox.”
-Con tantos besos y abrazos te vas a morir de una sobredosis de cariño.
El tono sarcástico del comentario hizo desaparecer mi sonrisa y realmente me costó mantener la compostura, por suerte lo hice.
-Bueno…no tengo culpa de que me quieran.-dije sonriendo, por su mohín supe que no le gustó, pero trago y solo se despidió sin añadir más que un frío cuídate. La observe alejarse y algo me dijo que debía cuidarme.
Me reuní con mis compañeros de clase en la Casa Iberoamericana y entramos, la profe ultimaba detalles para comenzar la clase mientras yo hablaba con Erik sobre temas generales. Su hermana Erika llegó un poco después, haciendo que me preguntara el porqué, pero no le hayo lo chistoso a preguntar algo que eventualmente voy a saber si es necesario que así sea, no me gusta meter las narices donde no me llaman, así que esperé. Me saludó con un beso en la mejilla y me percaté que su maquillaje estaba diferente, casi descuidado, como si se hubiera maquillado a la carrera o no lo hubiera hecho en su casa, cosa que no era normal en ella. Me vinieron muchas ideas a la cabeza, pero nuevamente esperé.
Durante la clase le alargué un pliegue de papel a Erika donde ponía: “Se te ve diferente hoy, no sé, más radiante.” Escribió y me lo devolvió, decía: “No se te va una. Jaja.” Más tarde, sentados frente a una taza de café en La Cubita, me contó que había conocido a un chico y que había pasado la noche con él. Al principio todo me lo dijo emocionada, hasta que los genes hicieron su aparición y cambiando el gesto me preguntó.
-¿Crees que pensó que soy una fácil que me acuesto con cualquiera al primer día?
Peligro, mis alarmas sonaron. Piensa bien lo que vas a decir, me dije.
-¿Quieres que te sea sincero?
-Si, por supuesto. Dame tu punto de vista de hombre.
-Bueno, después no me digas nada. Creo que él tiene dos opciones, o piensa que logró gustarte tanto como para que ignoraras a tu programación y te acostaras con él en tu primera cita, o simplemente creerá que eres una facilona que se acuesta con todos el primer día.
Titubeó un poco antes de preguntar.
-¿Qué pensarías tu?
-Si no te conozco de antes, que eres más fácil que la tabla del uno.
-Estás de madre.
-Tú querías que fuera sincero, ahora no te quejes.
Otro tabú de las chicas, a veces piden lo que no quieren y te obligan a dárselo, solo para recriminarte después por ello. Pero qué le vamos a hacer, no tenemos que entenderlas, solo quererlas.
-Mira, -dije para tratar de calmarla- no siempre las cosas son blanco o negro, existen tonos de gris, la verdad es relativa y la mentira, por mucho que pese, siempre sale a flote, así que lo único que dirá si tiene o no que pasar, es el tiempo, no ganas nada con llenarte la cabeza de lo que puede o no puede ser cuando ni siquiera sabes si habrá un mañana a la vuelta de la esquina. Tranquilízate y ahora hazte responsable de tus acciones, buenas o malas y espera su resultado, sea cual sea este.
Sonrió, sin duda logre mi objetivo con mi explosión de verborrea.
-Me sonaste a Calviño.-dijo sin poder contener la risa-Si abuelo, haré lo que usted dice.
Aquella tarde cubrí la distancia que me separaba de Amanda en menos tiempo que cualquier otro día, las ganas de verla quemaban como un fuego inextinguible, como una llama abrazadora que se alimenta de los sentimientos para seguir ardiendo. Toque el timbre y la vi aparecer detrás de la puerta como un sueño hecho realidad y no pude creer la suerte que tengo. La abrasé sin poder contener el torbellino de sensaciones que me recorrió el pecho, la besé, como si no hubiera algo más que ese momento, ella y yo, acompasando los latidos hasta que solo se escuchaba un corazón. Queriéndonos. Cerró la puerta como pudo sin dejar de besarme, la ropa comenzaba a sobrar, como Hansel y Grettel fuimos dejándola de camino a la alcoba, prácticamente arrancándola de nuestro cuerpos, sucumbiendo a un pasional deseo de devorarnos como fieras…la noche comenzaba a cernirse sobre la cuidad.
-Tengo que irme, mañana trabajo y tengo que madrugar.
-No…quédate u poco más.
-No me hagas eso, sabes que si me lo pides me quedaré, pero no quiero que tus padres me encuentren aquí.
-Eso no me importa.
-Pero a mí sí, sería una falta de respeto para con ellos y no quiero que me empiecen a coger odio antes de conocerme.
Esto último que dije hizo que su rostro se iluminara y me recompensara con una sonrisa de oreja a oreja.
-¿En serio quieres conocerlos?
-Pues aún no, pero pronto, no me gusta esto de estarme escondiendo. Es genial, pero no tenemos porque hacerlo. Quiero que todos sepan lo que está pasando.
Se puso a horcajadas sobre mí, cubierta en parte por las sábanas, sentía su cuerpo desnudo rozando mi piel. Sus ojos brillaban…
Si deseas continuar leyendo, has click en este hipertexto


