1.6 Plática con mi amigo

1.6 Plática con mi amigo

-¿Entonces qué piensas hacer?

  La voz de mi amigo Ángel me saca de mis entrañas, levanto lentamente la mirada para encararlo, pero no tengo respuesta a su pregunta.

-La verdad no tengo ni idea. –contestó con toda sinceridad.

-Estás en una situación peligrosa donde tu ex quiere meterse en tu relación actual, lo que no me queda claro es el por qué detrás de esa vengativa idea de ella.

-Bueno, lo nuestro no terminó precisamente como un cuento de hadas ni nada por el estilo, la verdad, aún no sé ni cómo nos hablamos.

-Cuéntame más sobre Isabel para ver si así entiendo un poco más su resentimiento. 

 No quería remontarme a ese pasado lleno de buenos, malos y peores momentos, de discusiones por estúpidos celos y pasionales reconciliaciones, pero Ángel terminó por convencerme.

-Está bien. Todo comenzó en una fiesta un sábado por la noche. Estaba lloviendo así que mi hermano menor tuvo que hacer casi lo imposible para persuadirme de salir de la casa, a pesar de que a donde nos dirigíamos quedaba apenas a una cuadra. Al final logró que dijera “si”, pero tuvo que esperar pacientemente a que me preparara. La fina llovizna que se cernía nos obligó a tomar prestado el paraguas de mamá, debajo del cual nos protegimos los dos mientras caminamos hasta la casa. –lo miré y por su rostro supe que tenía que abreviar, se que a veces hablo demasiado, pero es la costumbre que me queda por imaginar siempre las cosas como si escribiera. Carraspee un poco antes de continuar. –Bueno, resumiendo, llegamos a la casa y subiendo las escaleras la vi, estaba allí, de pies junto a la puerta de entrada. Su bien proporcionado cuerpo enfundado en un vestido de noche despertaba los más morbosos pensamientos. Pasé por detrás de ella y su húmedo pelo exhaló un aroma a champú fresco que me inundó los pulmones y me hizo desearla para mí. “La quiero”, pensé para mis adentros.

-Es verdad eso que dices, ella es un monumento de mujer.

Ambos reímos divertidos, pero es verdad que ella es preciosa.

– Me junté con algunos amigos de mi hermano y unas chicas que andaban con ellos, una de ellas se sentía atraída por mí pero no era más que una niña, por lo que solo la ignoraba tratando de no herir sus sentimientos. Estaba allí, trago en mano, sin quitar la vista ni un momento de ella que hasta ese momento no sabía ni como se llamaba, solo que la deseaba. Sus ojos se encontraron con los míos y le sonreí, ella me sonrió de vuelta y supe que era momento de un acercamiento, para mi suerte una de las chicas de su grupo era conocida mía. Aproveché para pasar a saludar como quien no quiere la cosa. Las saludé a todas incluida a ella, a quien le susurré al oído “Me encanta como luce ese vestido en ti, pero sé donde quedaría mejor”…dejé inconclusa la frase y me fui a buscar otro trago. Tengo que admitir que no pensé que funcionara tan bien este truco, pero así fue, supongo que solo le gusté y ya. Al poco tiempo siento que tocan mi hombro por detrás, era ella. “No terminaste de hablar antes, me dejaste curiosa y eso no me gusta”. “¿En serio quieres saber?”, pregunté y respondió que sí. Me acerqué nuevamente a su oído pero esta vez los rocé un poco con los labios, no se apartó, buena señal. “Quedaría mejor hecho un lío en el suelo de mi habitación.” Sonrió divertida y la conversación fluyó entre nosotros, pero la tensión sexual aumentaba a cada momento. Yo la tocaba siempre que tenía oportunidad, hasta que comenzamos a bailar y la cosa terminó en unos besos robados y unos apretones que me pusieron un poco duro…

-Sin detalles…-protestó Ángel.

Bueno, al final de la noche los demás me envidiaban pues la besaba en una esquina detrás de la casa, al terminar la fiesta deje a mi hermano en casa y me fui con ella para una habitación de alquiler y allí…bueno, ya que no quieres detalles. En fin, luego de eso todo estaba aparentemente bien los primeros días, pero luego ella se tornó posesiva y extremadamente celosa, hasta el punto de que me exigió que cortara todo vínculo con las chicas que conocía antes de que ella apareciera. Le dije que eso era algo egoísta de su parte pues yo no le pedí que dejara de tratar a sus amigos hombres y por  ahí empezaron los problemas. Llegó al punto de una vez ver a Jessica quitando una basurita de mi pelo y sin preguntar vino y la abofeteó pues me estaba tocando mucho. Justo allí tenía que haber terminado con todo, pero siempre que empezábamos a pelear terminábamos en la cama con la explosión de adrenalina típica de las reconciliaciones. Ella me prometía que cambiaría y yo le creía como un tonto. Así pasamos dos meses pero la cosa llegó a un punto donde no tuvo solución posible. Fue el día que me abofeteó en frene de todo el mundo pues dice ella que estaba mirando otra chica. Si hubiera seguido la primera reacción que vino a mi cabeza le habría pagado con la misma moneda, pero no soy de los que maltrata a las chicas, así que solo terminé con todo allí mismo. Como era de esperar ella protestó bastante y me dio vergüenza ver como la gente nos miraba, pero igualmente me solté de su mano y me fui con al antebrazo arañado.

-Bueno, eso que me cuentas es de locos, la verdad conociéndote no sé como aguantaste tanto.

-Sencillo, me gustaba en serio. Creo que de no ser por su mal carácter y los celos enfermizos, aún estuviera con ella…pero cest la vie mon ami.

-Tú y tus idiomas, no cambias.

-¿Para qué? –digo encogiéndome de hombros.-Solo mejoraré algún día por quien lo merezca…por ahora, me gusta ser yo, amo hasta la parte no tan brillante de mi persona.

-Ya Narciso, entiendo.

  Comenzó a meterse conmigo y pasamos un rato fuera del tema hasta que cambió el semblante.

-Bueno… ¿y después de eso qué?

-Bueno. –Suspiré- Te dije que me gustaba mucho, ¿no? –Asintió- Pues eso jugó a su favor pues un día fui hasta su casa a recoger una ropa que había dejado allá, sabiendo que era peligroso. Hasta hoy no sé si realmente fui para ver si pasaba algo pues sabía que así sería. Toqué la puerta y abrió su mamá, al verme puso cara de “mira quien es”, pero la ignoré. Pregunté donde estaba Isa y me dijo que en su cuarto. A regañadientes me dejó entrar. La encontré acostada sobre la cama, boca abajo apoyada en la almohada, cuando se volteó para verme sus ojos estaban hinchados y húmedos a causa del llanto. Cierra, me dijo sin cambiar la tristeza de su mirada. Le hice caso para no contrariarla aún sabiendo cuáles eran sus intenciones, aunque creo que en el fondo fui buscando eso…

-Te pusiste la soga al cuello tu mismo. Que cara dura eres.

-Lo admito, pero en eso momento no pensaba, solo actué y actué mal. Bueno, sigo. Me senté a su lado en la cama y me rodeo con los brazos el cuello, me aparté y le dije que solo había ido a recoger las cosas que tenía allí, que a nada más. Estaba en ropa interior, imagina lo difícil que le resultó hacerme cambiar de idea…pero después de que se apagó el fuego, entendí que no era lo mismo, así que me fui y evité verla por un tiempo, pues cada vez que nos encontrábamos terminaba con ella debajo de las sábanas. Todo esto cambió desde que conocí a Amanda, por eso es que tengo miedo de lo que tenga entre manos Isabel. Por primera vez en mi vida siento que quiero algo de verdad y no quiero perderlo, me aterra esa parte de la que tanto he escuchado pero que nunca he sentido, esa parte donde todo se vuelve gris… –me detuve, ¡mierda!, otra vez el pensamiento filosófico bueno para nada.

  Ángel me miraba con cara de “en serio”, me reí un poco de mi mismo, pero la verdad si me aterra el hecho de que pueda perder a Amanda por culpa de mi pasado.

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Una Familia Feliz