1.7 Doble seis…entre cafés y aguardiente.

Salí de casa de Ángel con un mal presentimiento, con esa sensación tan familiar desde que tengo uso de razón de que “algo va mal pero que no tengo ni idea de que es”…detesto esto. Estoy teniendo una crisis y no me gusta cuando me pongo así. Soy entretenido por naturaleza y tengo mala memoria, pero “cuando me voy a los planetas”, como yo digo, no logro centrarme y soy vulnerable. Cuando esto ocurre opto por no salir de casa hasta que pase o ir a algún lugar donde no necesite pensar o solo mantenga la cabeza ocupada. Los videojuegos me ayudan mucho con esto. Apresurado por salir de la calle ni el olor de las croquetas y mi estómago rugiendo hicieron que me detuviera, ni el calor de la tarde y el vapor de las calles me hizo disminuir la cadencia de mi paso de “no mirar a ninguna parte”. Estaba demasiado entretenido como para ver a la muchacha con la que tropecé y a la que casi le tiro el bolso.

-Perdona…es que no te vi. –es la mejor escusa que encontré es ese momento…pero no es suficiente.

Ella apenada solo sonrió forzosamente y continuó su camino. Mientras se alejaba pude notar lo bien cuidado que lucía su cabello.

Entro a mi cuarto y cierro la puerta para dejar fuera todo el mal que me sigue, metafóricamente hablando, pero literalmente se encierra conmigo, me tortura. ¡Basta! Como si hubiera reiniciado el sistema comencé a percibir mis alrededores fotograma por fotograma. Las paredes se fueron armando ante mis ojos, luego el techo, luego la forma de las persianas, así hasta que supe que estaba en mi cuarto…Había detenido todo pensamiento por un segundo. Las ideas comenzaron a ordenarse una por una, los sentimientos a su vez ocuparon su trono…y el subconsciente se ocultó entre risas en los callejones oscuros donde habita. ! Necesito salir de aquí cuanto antes!

La brisa nocturna me devuelve parte de mi cordura, aunque aún siento un poco pesada mi cabeza ya puedo pensar al menos con un poco de claridad. Camino sin rumbo fijo, como buscando ese lugar donde ocupar mi pensamiento con algo que no sean mis miedos. Sigo el ritmo de un lejana música por los callejones, tal vez allí, donde escucho gente reír, esté la solución a mis problemas.

Allí estaban un grupo de conocidos, con los cuales admito no tengo una estrecha relación, jugando dominó. Cuatro sentados en una improvisada mesa formada por un pliegue de madera contrachapada colocado sobre los muslos de los que jugaban. Una botella de Mulata hacía lo imposible por mantenerse firme sobre la inestable superficie. Bien, creo que me uniré al juego para variar, aunque sea firmar la sentencia del compañero que me toque.

El juego estaba en pleno apogeo cuando decidí unirme, no soy muy de dominó pero ahora mismo me vale cualquier cosa.

-No sé nada de nada…-le digo con cara de pena a mi compañero.

-No te preocupes, -dice seguro- vamos a ganar.

Si tú lo dices, pensé para mí mientras me encogía de hombros, sabiendo que nuestras posibilidades eran remotas, soy realmente malo.

Bajé un trago de la botella que pasaba de mano en mano y a la que todo el mundo besaba como a una cortesana de Venecia, sin importar el catarro ni las enfermedades contagiadas por la saliva. ! Da igual! Mi estómago se encendió, así como el cigarro cuyo humo me ahogaba.

Las fichas repicaban sobre la mesa con más fuerza a medida que el juego llegaba a su fin, entre maldiciones y malas palabras, discusiones y errores de cálculo…Roger, un mulato que estaba algo ebrio, intentó ponerse de pie para reclamar a su compañero una mala jugada, pero solo consiguió tirar la botella. Se sucedió un incomodo silencio después de que el preciado líquido era bebido por el suelo donde descansaban los vidrios rotos. Un minuto de incómodo y opresivo silencio, similar a la calma antes de la tormenta. Por suerte, todos estallaron en una risa exagerada, que bueno, pensé que sería el inicio de la tercera guerra mundial.

Aburrido de tanta matemática me fui con prisa; eran alrededor de las 9:00 de la noche. Pensaba en algo que no recuerdo cuando mi móvil sonó dándome un buen susto. Contesté; era un amigo.

-¿Dónde estás? – dijo la voz al otro lado.

-Voy camino a casa, ¿por?

-Estamos en un café, en ese que te gusta tanto. Te vamos a esperar si vas a venir. Espero que lo hagas, me tienes que salvar la vida.

-¿Y eso por qué?

-Estoy solo con tres chicas, ¿ayúdame?

-Sabes que tengo novia, -protesté- no quiero tener problemas.

-No seas gallina, no tiene porque saberlo y tampoco tienes que hacer nada que no quieras, ¿o no confías en ti?

Dio en un punto débil, pero mantuve la compostura. Sabía de sobra que ir sería mala idea, pero confiaba en mí, en que solo sería un rato para despejar de mi cabeza tanto humo.

-En quien no confió es en ti. – me desquito – Pero…vale, voy para allá.

Caminé lo más aprisa que pude, cubriendo en 40 minutos la distancia que me separaba del lugar. Al llegar, dije al portero que me esperaban y amablemente me dejó pasar. Mi amigo, (no voy a poner su nombre, así que me referiré a él como Lucas) me hizo un ademán para que me acercara, pero mi piel se heló ante la visión de una cara conocida…era Isa. ¿Qué diablos hace aquí?

Mantuve la compostura y me senté, por desgracia junto a ella. Ya estaba allí, ahora no correría como un cobarde.

-¡Qué sorpresa! – Exclamó Isa – No sabía que vendrías.

Le dedico una mirada de soslayo. Sé muy bien que la autora intelectual de la llamada que recibiera antes era ella, estaba casi 100% seguro. ¿Cómo puede tener la cara tan dura? Pero bueno, ella siempre ha sido así, que le vamos a hacer.

-No te hagas… – me detengo, no puedo dejar que perciba mi enfado o lo usará en  mi contra. Sueno paranoico, pero realmente no la conocen, sé muy bien de lo que hablo.

Aclarar quiero en este punto que Isa no es mala persona, simplemente en inteligente, demasiado; manipuladora, como el más hábil de los titiriteros; decidida, cuando quiere algo no para hasta conseguirlo; hermosa, lo sabe y lo usa como una maestra; extremadamente sensual, capaz de calentar un iglú durante la noche; realmente tierna, cuando está de humor y consigue lo que quiere; tóxica, como la Solandra Grandiflora; persuasiva, aunque este aspecto, supongo, solo es relevante si ella te atrae de alguna manera. Pero no es por alardear, pero realmente es de la clase de mujer que es tipo universal.

Me muerdo la lengua y deja ahí el asunto. Mi comportamiento es acorde, como pocas veces, a mi humor. Estoy callado, me limito a asentir cuando me preguntan o a decir uno que otro monosílabo de ocasión. Todos lo notan, pero no dicen nada…aunque sé que lo harán en algún momento.

-¿Y a ti que mosca te picó…? – Fue Lucas quien me sacó de mi refugio intracraneal.

-Nada… – miento aún sabiendo que no me creerá – solo estoy algo cansado, no dormí muy bien anoche. Sabes que siempre me desvelo de madrugada.

– Vaya mierda de escusa… – nos reímos, le agradezco para mis adentros que me saqué de mi estado de pesadumbre por algo que no ha ocurrido aún.

-Está bien…me pongo una sonrisa nueva y cambio el humor.

Otra vez el pensamiento filosófico bueno para nada entra en acción.

Hasta ahora no me había percatado de las dos chicas que nos acompañaban además de Isa. Una de ellas se llamaba Jennifer, de figura delgada pero esbelta, pómulos redondos cubiertos de unas cómicas pecas que le daban un aire de chica londinense. Su cabello era de un muy bonito rubio natural, que pocas veces, por no decir ninguna, había visto. Caía a ambos lados cortado por una raya al medio perfecta, que dejaba entrever su blanco cráneo y para rematar su peinado de película, en su frente caía un cerquillo surrealistamente perfecto. Poco maquillaje, sin embargo, esto solo resaltaba su belleza natural. Sobre sus labios un ligero tono de rosa y sus ojos apenas delineados por una delgada línea que resaltaba el bonito azul claro de sus ojos. Es una ternura, pensé.

La otra, Amaya, era una mulata de pura cepa, de ojos negros y anchas caderas, las cuales admiré cuando se levantó para ir al baño en una ocasión. ¡Vaya contoneo! Pelo voluminosamente rizado en unas finas rolillas que caían casi rozando sus hombros, labios carnosos, de esos que dan la impresión de que te podrían ahogar en un apasionado beso. Pero lo que más me llamó la atención, fue su elegancia, su manera de manejarse, de ser una dama.

En mi defensa, solo diré que soy admirador de lo bello y que cualquiera hubiera hecho lo mismo en mi situación, o sea, para eso se hicieron los ojos, ¿no? “El que esté exento de pecado, que tire la primera piedra”.

-Bueno… ¿qué hay de nuevo en tu vida? – Isa abrió la boca, tanto silencio antes de esto solo significa que estaba pensando y eso me hace pensar a mí.

-Bueno, aparte de lo que sabes, creo no hay nada más. – digo con un tono un poco mordaz, pero solapado.

La de ojos azules me hace una pregunta que no terminé de escuchar bien debido a lo susurrante de su voz, supongo que es tímida.

-¿Qué? – pregunto.

Isabel la fulminó con una mirada. Ella se limitó a hacer un ademán con su mano y decir.

-Nada…nada… – esbozando una sonrisilla nerviosa.

– Quiero invitarte a ti y a tu – hizo un gesto con las manos, como encerrando la palaba que iba a decir a continuación entre unas imaginarias comillas que dibujó en el aire – …novia… -no me gustó nada esto, pero no dije nada – a mi fiesta de cumpleaños.

-¿Cumpleaños? Cierto, es casi la fecha, solo faltan cuatro días.

-¿Irás?

-No… – dije sin pensar.

-Anda, no seas pesado. Llévala a…ella…si quieres también.

Estaba probando mi paciencia, pero no dejaré que me manipule con mi ira, eso le funcionaba cuando estábamos juntos, y solo como una especie de juego de roll de chica mala del cual no daré detalles. En fin, me limité a aceptar. Voy a ir con Amanda. ¿Qué es lo peor que puede pasar? Al terminar la noche, me fui a casa luego de dejar a Lucas en compañía de la despampanante mulata de anchas caderas, con más cosas en las que pensar que antes. Todo este asunto del cumpleaños no deja de olerme mal, pero no voy a ahogarme en un puñetero charco de la carretera donde no cabe ni siquiera mi nariz. ¡Bah!

Me tiré sobre la cama y cerré los ojos. Mañana me preocuparé por mañana, hoy, solo quiero dormir.

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Una Familia Feliz