Capítulo-1 Cómo conocí a Violet

Capítulo 1- Como conocí a Violet.

Tiro sobre el escritorio mi libreta y bostezo un poco antes de caer sobre el colchón, sonrió y no sé ni siquiera porque, o sí, solo que peleo contra ello con todas mis fuerzas. Violet, su nombre es Violet, ella es la culpable de que ahora mismo parezca un tonto sonriendo con los ojos cerrados sobre mi cama, por suerte no me está viendo nadie, o eso pensaba hasta que la voz de mi hermana me devuelve a la tierra.

-¿Se puede saber qué te pasa, Erik? Tienes cara de idiota.

Mi nombre es Erik, tengo 25 años y ahora mismo estoy desempleado, o sea, buscando trabajo donde aparezca. Me despidieron de mi último empleo pues mi jefe no soportó que su chica coqueteara conmigo, a pesar de mis negativas con la excusa de que me costaría el puesto. Al final tuve razón. Ahora estoy tratando de asistir a varios cursos, aprender idiomas e intentando hacer cualquier cosa para sumar a mi curriculum vitae. Me apasiona escribir. Así como leer. Mi gran sueño es llegar a ser escritor…y ya basta de mí por ahora.

Mi hermana Camile es una chica realmente dulce e inocente, tanto que me encanta meterme con ella pues es sencillo hacer que se sonroje. Tiene 19 años y nunca ha tenido novio, cosa extraña pues es muy atractiva, y no lo digo porque sea mi hermana. Es una chica de piel morena, 1.60 de estatura, ojos y pelo negro, piernas torneadas, firmes nalgas, estrechas caderas y generosos pechos; pero no es solo su cuerpo lo que destaca de ella, es también su melodiosa voz, el sonido de su risa, su personalidad. A veces le digo que es demasiado buena para ser hermana de un desastre como yo, a lo que contesta que si le pudiera enseñar a ser como soy, quizás no le tocara sufrir. La amo mucho, aunque a veces no se lo hago saber lo suficiente.

-¡Hay hermanita! – exclamo, ella se sienta a mi lado en la cama, la tomo de la cintura y la lanzo al colchón para hacerle cosquillas.

-¡No por favor…eso no! –dice entre rizas casi incontenibles. Me detengo.

-No me pasa nada, es solo que me acordaba de algo cómico que me pasó en el día.

Me mira con cara de que no me cree, pero no se me da mal mentir, así que me deja estar y se va de la habitación, dejándome solo con mis pensamientos, que al parecer se empeñan en volver a ese momento cuando conocí a Violet.

Iba algo retrasado para la clase de inglés en la mañana, entre el cambio de horario y las pocas horas de sueño me había costado desprenderme de las sábanas y ahora caminaba de prisa por la acera mientras pensaba en tantas cosas. En el fútbol, en cómo sería vivir en España, en el último libro que leí, El Principito, que había pasado a ser mi favorito…al menos hasta que lea otro, aunque lo dudo. Pero lo que nunca me pasó por la cabeza de seguro, es que ese día conocería a esa persona que revolucionaría mi perfecto mundo de soltero y sin compromiso.

Mi teléfono suena, tengo un mensaje. Lo leo, es de Amanda, una amiga con la que acordé asistir a las clases.

“¿Vas a venir o no? (carita enojada) Ya la clase comenzó y no apareces. ¿No me digas que te arrepentiste? Escríbeme de vuelta vengas o no. (Carita feliz)”

¡Vaya! Pensé en escribirle de vuelta como me pidió, pero prefiero hablar frente a frente, así puedo ver las reacciones de la persona con la que hablo, eso me pasa por leer tantos libros de psicología. Guardo mi teléfono y me apuro.

Llego al fin, veo a través de los grandes ventanales a Amanda que me saluda agitando los brazos. Me paro en la puerta. La profesora me mira y le pido permiso para pasar y perdón por llegar tarde. Con una sonrisa me dice que no pasa nada y me pide que me siente.

-Buenos días.-digo dirigiéndome a toda la clase.

Algunos me respondieron, otros no, supongo que es normal pues no me conocen de nada, igual pienso que la educación no discrimina entre extraños y conocidos.

Tomo asiento junto a Amanda que me susurra al oído.

-Pensé que no venias. No conozco a nadie aquí y estaba pensando en quien me acompañaría a casa.

Sonrío con sarcasmo.

-Ya estás bastante crecidita como para tener que acompañarte a casa, ¿no crees?-le susurré de vuelta- Además, nunca se te ha dado mal buscar compañía, ¿o me equivoco?

Quiso responder, pero le hice un gesto para que prestara atención a la clase.

-Después me reclamas, ahora atiende la clase.

Una mariposa posada sobre un cabello ambarino llamó mi atención, era un bonito adorno de una chica que estaba sentada unos dos metros delante de mí. ¿Quién eres? Dije para mis adentros.

La clase continuó y la profesora me puso al tanto con presteza de lo que estaban haciendo, sin pecar de falsa modestia me gustan mucho los idiomas y se me dan bastante bien, por lo que no fue muy difícil que los demás notaran mis conocimientos y algunos se acercaran a pedirme ayuda aún sin conocerme. Debo decir que esta “popularidad” me sumó algunos puntos con las chicas, aunque de nuevo, modestia aparte y la verdad sea dicha, nunca he tenido problemas con las mujeres.

Mientras le explicaba a Brianna, una chica con el cabello teñido de rojo y apariencia de devora-hombres, como debía conjugar el verbo to-be, no podía quitar los ojos de la extraña chica de la mariposa en el pelo. Ahora estaba de frente, sonreía a un chico con el que trabajaba en los ejercicios y a mí me parecía la sonrisa más bonita que hubiera visto. Mal síntoma, pensé. Sus delicadas manos recorrían las páginas de su libreta intentando explicarle a Mario, como sabría después que se llamaba el chico. No podía escuchar su voz desde donde estaba pues hablaba bajo, pero si apreciaba el movimiento de sus labios, pintados con un tono de rosado que los hacía lucir como apetecibles fresas. Su vestido cubría hasta los tobillos, fino, ajustado, le daba una apariencia elegante, de mujer misteriosa e interesante.

-Gracias Erik. –dijo Brianna, y me besó la mejilla, dejándome un poco de labial. -¡Ups! Lo siento, déjame limpiarte.

La chica misteriosa miró en mi dirección, pero acto seguido continuó con lo que estaba haciendo, no puede discernir si pensó algo o no de la escena.

Al terminar la clase tenía decidido que me acercaría, me despertaba mucho la curiosidad y no soy de los que se queda con la duda. Estaba con Mario y otra de las chicas de la clase conversando, quise acercarme, pero Brianna me tomó del brazo y me detuvo para hablar.

-Este es mi número de teléfono. -dijo al tiempo que deslizaba un pliegue de papel en el bolsillo de mis jeans.- Llámame cualquier noche.

Me hizo un guiño y me besó en la mejilla cerca de los labios antes de irse.

Me voltee para acercarme a la chica, y esta vez fue Amanda quien me detuvo.

-¿Nos vamos o qué?

-Dame un segundo, Amanda. –dije casi en tono de súplica.

Miró hacia donde estaba el pequeño grupo que planeaba asaltar.

-¡Ah! Ya entiendo. –Me tomo del brazo.- ¡Vamos! –dijo arrastrándome hasta ellos. – ¡Hola! –exclamó sonriente al llegar.- Ya que vamos a compartir tres días de la semana durante dos meses, mi amigo Erik y yo hemos pensado que no sería mala idea si vamos a tomar un café, ya saben, para conocernos un poco mejor y tal. ¿Quién se apunta?

-¡Estoy dentro! –dijo la chica de los espejuelos.

Mario miró a la chica de la mariposa, como esperando a ver que decidía para el secundarla.

-¿No sé? No tengo mucho tiempo ahora mismo. –dijo, y su voz acarició mis oídos.

-¡Vamos! –insistió Amanda. – No vas a perder nada por un rato que te regales para despejar la mente.

-Yo también tengo cosas que hacer, -mentí para darle un poco más de ánimos- pero a veces hay que dejarlas en espera, no todo puede ser responsabilidades, también hay que pasársela bien de vez en cuando.

Amanda me dio un suave pellizco en la espalda pues sabía que estoy desempleado y no tengo otra cosa más que tiempo.

-Está bien. –Cedió finalmente. –Pero solo un par de horas, ¿sí?

Mario que no había hablado en todo el rato solo añadió que él conocía un lugar donde servían el mejor café del mundo.

-No está lejos de aquí. –Decía- Es casi tan bueno como un Starbucks.

En el camino al lugar se hicieron las presentaciones. La chica de las gafas se llamaba Abril, como el mes, me gustó mucho su nombre. Era bastante amigable, divertida y entretenida, sin embargo, a pesar de su aparente felicidad ante la vida, su mirada tenía un extraño toque melancólico, como de alguien que ha llorado mucho y conoce el verdadero dolor. Mario se presentó a sí mismo. Para mi sorpresa era medio hermano de la chica que llamaba mi atención, respiré aliviado pues el chico era atractivo. Con su cabello negro revuelto cayendo un poco sobre su frente y su cazadora de cuero que le daba aspecto de chico malo, cosa que a las mujeres les encanta. Sonreía de oreja a oreja con gran facilidad, normal al tener una sonrisa que hacía que Abril se quedara embobecida mirándole.

-¿Y tú cómo te llamas? –preguntó Amanda al ver que ella no había dicho nada aún desde que salimos.

-Violet…pero díganme Vi si les parece mejor.

Su nombre me encantó, y pensé en lo peligroso que es que hasta ahora me guste todo lo que sé de ella.

Al fin llegamos al local y nos acomodamos en una mesa con vista a la calle. Mientras Amanda y los demás se ponían de acuerdo en que pedir, me dirigí a Vi para entablar una conversación.

-Me gusta el adorno que llevas en el pelo, tienes muy buen gusto. ¿Puedo saber donde lo compraste?

Me miró con cara de asombro. Me reí al imaginarme lo que habría pensado.

-No me malinterpretes, es para ver si le compro uno parecido a mi hermana Camile. De seguro le encantará.

-Fue un regalo. –dijo solamente.

-Que mala suerte…bueno, espero tener tan buen ojo como tú cuando me toque escoger lo que le voy a regalar a Camile para su cumple.

Se sucedieron unos incómodos segundos de silencio entre los dos, ella lucía muy tranquila, así que no eran los nervios los que la mantenían callada, tal vez sea de pocas palabras o simplemente que no quería hablar conmigo. Esperaba que no fuera lo último.

-¿Qué vas a pedir Erick? –me pregunta Amanda.

-Lo que pidas tu estará bien, sabes lo que me gusta.

La conversación fluía entre risas, bromas y recuentos de pasadas memorias, mientras que yo no perdía movimiento de Vi, ni desperdiciaba nada de lo poco que decía. Escuchando descubrí que le gusta mucho el chocolate y que se pone triste en los días lluviosos, que le gusta mucho leer y que de vez en cuando, cuando la musa la toca, escribe un poema. También le gustaba dibujar, pero últimamente no lo hace por no tener tiempo. Dijo esto último quejándose de su trabajo.

-¿Qué hay de ti, Erick? –me cuestionó Mario-No has dicho mucho desde que llegamos.

-Sí, Erick, dinos algo sobre ti. –lo secundó Abril.

-Pues no hay mucho que contar la verdad. –Me excusé- Soy un tipo de cosas sencillas, me gustan los lugares como este y la música tranquila, por eso mi hermana dice que tengo alma vieja. Esto me lo tomo como un elogio. Por otro lado, me gusta mucho leer y escribo de vez en cuando. Mi sueño es llegar a ser escritor, para dejar una huella y que me recuerden cuando no esté.

Me di cuenta de que todos me miraban atentos, así que me detuve. Le dediqué una mirada a Vi que tenía la cabeza ladeada prestándome atención.

-Bueno…eso es más o menos un resumen. –sonreí despreocupado y me acomodé sobre la silla, ya mis nalgas empezaban a doler un poco por lo duro del bambú de esta.

-Ya tengo que irme. -dijo Vi mirando el pequeño reloj que llevaba en su muñeca. –Vámonos, Mario.

Se despidieron y yo me quedé con un amargo sabor en la boca, desgraciadamente no del café. Tendré que esperar a la próxima clase para ver si consigo arrancarle algo más que un par de palabras.

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