Una Parte de Ti
Kora no lo pensó dos veces, huir era una opción absurda, esos malditos vinieron a por ella, como podría estar segura de que llegaría a Dermacot. Pensó en su padre, él se notaba muy preocupado desde la ventana, ganó tiempo gracias a que Owen al ser un Fardo (abreviatura del don Fardoss) pudo olfatearlos desde lejos, pero, ellos también tienen ese don, simplemente huir aria más entretenida su captura, esos perros irían de caza y ella era una presa muy lenta, quizás su sueño, aquel donde ardía en llamas mientras aún continuaba con vida se estaba haciendo real.
– ¿Quién eres? ¿Qué objetivo tiene este agravio a mi familia? – dijo Owen desde el suelo, donde yacía con manos y pies atados.
– Tu hija es fuerte, la has educado muy bien, no esperaba menos de ti – dijo el Crummer de la capucha. – Ya ella tomó una decisión y por suerte para ella, fue la correcta – levantó su brazo derecho, tan vendado como su rostro y con un gesto de su mano hiso que uno de sus acompañantes desatara las cuerdas que inmovilizaban a Owen.
– No parece que te acuerdes de mí, ¿quizás si me quito esta capucha? – dijo mientras la retiraba de su cabeza, pero un rostro envuelto en vendas aún ocultaba su identidad.
– ¿y ahora, te acuerdas de mí?- preguntó y por los orificios que mostraban sus ojos se escapaba una mirada de odio y rencor. Pero Owen seguía con su duda.
– ¿Quiero hacerte una pregunta? – dijo el vendado señalando a Kalíz – ¿Qué historia te contó tu marido, como explicó la procedencia de esa niña?
– No respondas a eso – dijo Owen, pero uno de los Fardoss lo sujetó y puso la punta de una flecha en su cuello.
– creo que estoy siendo demasiado cortés, volveré a preguntarte, ¿qué te contó tu marido? – dijo el que estaba al mando, mientras su segundo secuaz levantaba a Kalíz del suelo.
– Owen me lo contó todo, me explicó lo de su misión en Sungela, me contó como murieron cientos de soldados de La Nación Celeste solo para acabar con unos pocos, él no estaba de acuerdo con eso, pero cumplía órdenes, y sí, me contó cómo se halló a Kora, esa pequeñita recién nacida era una rosa entre tanta maleza, callada y reposando en su cuna estaba ajena al infierno que ocurría a su alrededor, quien sabe cuál hubiera sido su destino si Owen no la hubiera traído a mis brazos. –
– Owen no fue del todo explícito contigo, al parecer omitió gran parte de su pecado, pero yo lo sé – dijo mientras retiraba poco a poco las vendas que cubrían su rostro.
– Yo también participé en esa misión, o en ese intento de suicidio que llevó a los Fenrrik (demonios) a la extinción o a casi todos –

“Fenrrik (don extinto por la Nación Celeste, significa: demonios. Su clan vivía en la antigua ciudad de Sungela, subsistían como personas corrientes hasta cumplir los 18, edad en la que su don se hacía presente y adquirían la capacidad de prender todo su cuerpo en llamas, de ahí proviene su nombre, pero su inmunidad al fuego no era lo más sorprendente de este clan, se cuenta que estos seres pueden darle la vida a una persona ya muerta, pero solo a una, vertiendo su sangre y dándosela a beber al fallecido)”.
– Owen no estaba de acuerdo con la misión, como casi todos los que la llevamos a cabo, pero como dijiste tú Kalíz, cumplíamos órdenes, órdenes estrictas que eren eliminar a los demonios de la faz de la tierra, no podíamos dejar a ninguno con vida, y tu esposo lo estaba haciendo muy bien –
Owen volvió al pasado y entre sus recuerdos reconoció la voz de su interlocutor, su rostro se tornó pálido.
– No puede ser, ¿Tu eres…? deberías estar muerto… – dijo Owen mientras caía de rodillas en el suelo
– ¿debería?, te equivocas yo no debería haber muerto, ni siquiera debería tener este aspecto – dijo mientras terminaba de quitar la última venda de su rostro de carne.
– Tu esposo… – se dirigió a Kalíz – cumplía órdenes, yo fui su superior en dicha misión, lo vi entrar en esa choza y luego, vi entrar a dos Fenrrik, sus cuerpos eran como hogueras en la noche, temí por su vida cuando se desató la batalla dentro de la casucha y corrí a ayudarle, pero que sorpresa cuando entré, Owen los había matado a ambos, eran marido y mujer, sabías, ellos solo querían proteger a su hija, pero el decidió vivir asesinando a ambos y dejando a esa pequeña huérfana, ¿luego qué?, el remordimiento lo estaba consumiendo, sabía cuál era su misión, le ordené que la matara, pero no, quería llevársela consigo, pensé en él, si alguien le viera su destino era la horca, por eso, por eso le dije que si no lo hacia él lo haría yo, y ¿qué crees?, tuvo suerte, la casucha se rompía en pedazos sobre nuestras cabezas, en llamas tras la batalla que libraron en su interior esos demonios de llamas carmesí, una de las vigas cayó sobre mí, dejándome inmóvil y rogué a Owen que me ayudara, pero que sorpresa cuando su silencio no me impidió saber lo que realmente pasaba por su cabeza, fue el único momento en toda mi vida en el que desee no haber nacido con el don que me mostró lo que eres capaz de hacer. – se dirigió a Owen – Me dejaste tirado, corriste con esa niña en tus brazos y a tus espaldas la casa en llamas me tragó vivo, pero como vez, estoy aquí, porque cuando desperté, todo quemado y olí la desagradable esencia que despedía mi cuerpo carbonizado, en ese momento solo pensé en encontrarte, y hacerte sentir lo que es perder una parte de ti. –
– ¡Cállate! – gritó Owen – No sabes cómo me sentía, no imaginas el dolor que sufrí al ver como la madre intentaba alcanzar a su criatura desde el suelo, agonizando y llorando de impotencia, mientras su sangre se escurría por mi espada, no sabes…..-
– Te equivocas – interrumpió Marko – por desgracia para mí, sé lo que sentiste y ¿quieres que te diga una cosa?, pensaste en esa niña y en tu mujer cuyo vientre estaba seco y vacío, pero nunca pensaste en mí, ni cuando mis gritos delataban el dolor que sentía, ni siquiera así pensaste en mí. Luego de la batalla, salimos victoriosos, los pocos que sobrevivieron llevaron a casa todas las riquezas de la ciudad, reliquias, cofres, monedas… yo solo me llevé dolor, dolor y odio, y tú, tú te llevaste la joya más valiosa de Sungela, en tus brazos llevabas la única sobreviviente del clan Fenrrik –
– Mi hija no debe saber esto, no puedes contárselo – dijo Owen
El rostro de carne de Marko dibujó lo más parecido a una sonrisa, sin piel, solo una encía colmada de dientes se abría y a la vista de todos parecía un depredador a punto de devorar a su presa.
– Se me olvidaba decirte que no solo le estoy contando nuestra historia a las personas presentes, tu hija corre hacia aquí con la verdad en su cabeza, pero no te preocupes, quizás no tengas que enfrentarla, puede que te mate antes o puede que ella muera por el camino deshidratada de tanto llorar – dijo, y entre risas su mandíbula se desplegó un poco más.
– ¡Suéltalo! – ordenó a Rulf, el Fardo de orejas más puntiagudas.
– ¿Pero jefe? –
– Te dije que lo soltaras, y entrégale tu arma, quiero ver si es capaz de matarme de nuevo – dijo Marko mientras sacaba su espada.
Rulf lo soltó, y entregó su espada mientras cargaba el arco con la misma flecha que antes amenazaba el cuello de Owen.
– No quiero matarte – dijo Owen, y se escuchó el eco de la hoja metálica al caer.
– ¿Por qué siempre mientes?, revelo tu verdad, ataco a tu familia y tienes el valor de decirme que aun así no quieres matarme, no me hagas reír –
– No quiero, y en ese entonces tampoco quería, pero no me dejaste otra opción, a veces no siempre elegimos bien nuestras acciones……
– ¡Cállate!, – interrumpió Marko – no intentes disculparte, sigues teniendo el descaro de mentirme sabiendo aún que soy un Crummer, en lo único que piensas es en matarme, ¡mírate!, el odio se te desborda por los ojos –
Marko giró la cabeza hacia el acompañante que sostenía a Kalíz y se levantó la carne donde antes existían sus cejas.
– Entiendo – dijo el Fardo de orejas más cortas y acto seguido su espada asomaba la punta saliente por el pecho de Kalíz, se abrió paso fácilmente mientras desgarraba la frágil tela de su vestido, la sangre de la madre se expandía por el suelo y justo cuando el mango de su arma embistió contra la espalda, Marko dijo:
– ¿Y ahora, a que si quieres matarme? –
Owen se puso pálido, una furia que segaba lo dominó en ese momento, sus pupilas empañadas se dilataron y gritó, en un veloz movimiento tomó con su mano derecha el arco que sostenía Rulf y pateándolo justo en el abdomen se deshizo de él mientras caía sobre la chimenea, de una voltereta remueve el polvo bajo sus pies y tomó la espada que había dejado caer minutos atrás, el eco de ambos aceros resonó en la planicie y de sus armas saltaban pequeñas chispas. Mientras forzaban sus espadas Marko aproximó su fila de dientes al oído agudo de Owen y le dijo en un susurro:
– ¿Ya sabes que se siente perder una parte de ti? –
Con su brazo vendado separó a su atacante, empujándolo unos pasos atrás.
– Me pregunto cómo pensarás matarme… – dijo mientras dejaba caer al suelo su capa desmangada y con capucha color vino.
– No, mi querido amigo, si piensas embestir de frente solo conseguirás que te corte el brazo… – dijo el Crummer – No, mala idea, si me lanzas la espada la esquivaré y quedarás desarmado… a, mira, eso es más propio de ti, pero si piensas empujarme a la chimenea, créeme, tampoco lo conseguirás….
– ¡Sal ya de mi cabeza! – gritó Owen y en giro veloz de su cadera impulsó un ataque horizontal en dirección a la garganta de Marko, luego solo silencio. La sangre caía a chorros como quien vierte una jarra de agua.
– Te dije que era una mala idea – dijo el del brazo vendado mientras retiraba su espada de la garganta de Owen.
La puerta trasera se abrió de un tirón, era Kora, sus ojos café se tornaron más claros, su madre reposaba sobre un charco de su propia sangre y su padre, caía de rodillas dándole la espalda y un agujero en su cuello vertía sangre como un grifo abierto, la pequeña no lo soportó y cayó desmallada.
– Misión cumplida, ahora solo debemos entregarla – dijo Rulf mientras ponía su arco en la espalda y desataba la cuerda que portaba en su cadera izquierda.
– ¡Brook! – exclamó Marko mientras salía de la casa limpiando la sangre de su espada en el pantalón.
– Dígame jefe – contestó el Fardo de orejas cortas.
– ¿Cuál es la dirección que debemos tomar? –
El cazador olfateó un instante y bajando su dedo índice ensalivado dijo:
– Se aproxima una tormenta desde el noreste, lo mejor sería retirarnos por El Claro, llegaremos al anochecer, calculo unos cuatro días a caballo para llegar a Zaphir (Zafiro, capital de La Nación Celeste).
– Pues bien, ya está hecho, acamparemos en A´Gled (el Claro) y luego el Rey Scáriot nos hará ricos, muy ricos – dijo Marko mientras galopaban entre risas rumbo a la Celeste mientras a sus espaldas lenguas de fuego devoraban la casa.
Fin del Capítulo
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