Capítulo 3 Opción a): Danza de Amor y Odio

Danza de Amor y Odio

Jérek observó a Lyne por unos instantes, su cuerpo se mantenía firme e inmóvil, pero temblaban todas sus arterias, su corazón pasó de palpitar muy rápido a unos lentos estallidos, como si se detuviera por momentos. Sus trémulas pupilas la observaban, ella continuaba a la espera, armada, su cuerpo tampoco se movía, su rostro mostraba seguridad, como si realmente quisiera ser atacada, cuanto odio, cuantas dudas, cuanto dolor, se veía hermosa, posaba como la heroína de antiguas historias, Jérek bajó su mirada, la espada del monarca lo esperaba en el suelo, qué hacer, inclinó en un lánguido movimiento su cuerpo, en su cabeza los recuerdos se hacían presente, será que realmente toda su felicidad pasada había sido una farsa, los abrazos en la cama, los apasionados besos, las risas haciendo eco en la casa, sus sueños de forjar una familia, Jérek levantó la vista en un intento de encontrar respuestas en los ojos de Lyne, y en un momento fugaz dibujó en su rostro una delgada sonrisa.

– ! Atácame! – gritó Lyne nuevamente. – Sabes que no saldremos de aquí –

Scáriot sonrió – Las decisiones difíciles requieren las voluntades más fuertes – dijo –

El eco metálico recorrió todo el Castillo Blanco, las cumass de Lyne eran pequeñas pero su duro acero  pudieron frenar el ataque de Jérek, el viento sopló por una de las redondas ventanas a lo alto de la sala, moviendo la cabellera negra de la chica, un golpe en las botas de él, avisa que Lyne hiso su primer movimiento, barriendo en un fugas giro su pierna derecha logra derribar a su rival, enviste la daga hacia el cuerpo del chico, pero solo encuentra como objetivo la gran alfombra, Jérek rodó su cuerpo y en un remolino de piernas se levanta con orgullo, pateando en su movimiento una de las cumass de Lyne, ella gira en torno a donde reposa su arma, él aprovecha su distracción y ataca, casi sin ver, otra vez el eco recorre el palacio, sus caras se encontraban muy cerca, ella junta su frente con la nariz del chico, provocando que retroceda sangrante, Lyne se lanza al suelo y en una callada voltereta recoge su cuma faltante. – Puede que una sea tan fuerte como una espada, pero las dos juntas son más que eso – dijo mientras las llevaba a posición de combate, justo a la altura de su pecho. Jérek seca su sangramiento nasal, y se enviste contra ella, deja caer su espada con fuerza, buscando penetrar la corta defensa de las dagas, pero esta vez Lyne no estaba dispuesta a parar tal choque, cual si fuese una hoja seca arrastrada por el viento, la chica esquiva a centímetros la espada, y tras livianos giros se posiciona tras él, la batalla era una linda danza de amor y odio, hunde el taco de su botín en la espalda de Jérek y tras una fuerte presión lo lanza al suelo, muy cerca de la gran puerta del palacio, Jérek, se levanta con un grito de adrenalina, gira en dirección a su rival, pero ya ella estaba sobre él. – muy lento, has perdido forma mi cielo – dijo y nuevamente buscó con su frente la nariz de Jérek, pero esta vez no atinó, él chico se encontraba totalmente arqueado hacia atrás, y envuelto en una tenue sonrisa apretó fuerte su puño libre. –  no suelo pegarle a las chicas, pero tampoco suelo recibir y quedarme conforme – golpeó la pequeña nariz de Lyne y tomándola del brazo la lanzó contra la puerta del castillo, y en su movimiento susurró al oído de ella: – ya estamos cerca cariño –

Scáriot se levanta de su trono, y entre pequeños aplausos deja escapar una sonrisa – llevo muchos años observándolos como para no darme cuenta de lo que planean, realmente son muy atrevidos como para venir y montar todo esa obra orquestada frente a mí, sé que llevan tiempo practicando y esta lucha no deja de ser una farsa, aunque no puedo negar que me han entretenido mucho – tras un chasquido de sus dedos los guardias celestes rodearon a ambos mientras los acorralaban con sus lanzas, los chicos juntaron sus espaldas, Lyne secó la sangre de su nariz  con su antebrazo – nos descubrió, tienes que matarme o no saldrás vivo de aquí – dijo ella. Jérek la golpeó con el codo – sabes que no lo haré, no me importa lo que él haya dicho de ti, puede que todo sea verdad, pero también sé que en el fondo me amas, sabiendo esto me sobran motivos para no querer asesinarte –

En un instante todo permaneció en silencio, el viento sopló nuevamente en la sala, mientras duró la pelea no se percataron de algo que sucedía fuera del castillo, los aceros rechinaban, los gritos se hacían cada vez más fuertes, los corceles relinchaban, la gran puerta se abre y un guardia de la celeste pasa a toda velocidad, se postra ante su regente y grita – nos están atacando – una lanza pasó frente a los ojos de Jérek, como si llevase en su recorrido  un tiempo más lento, atravesando entre los guardias se dirigió al rostro del Rey, pero no encontró objetivo, atravesando la frente del magnate quién permaneció inmóvil y calmado, apenas la lanza terminaba de salir del rostro de Scáriot y clavándose en el marco de la gran chimenea, este apretó con notable fuerza su puño – soy tan liviano como el aire, pero soy tan fuerte como la roca – de un golpe destruyó parte de su propio trono – ¿quién osa irrumpir  en mi palacio? – gritó.

Parado justo en la entrada del castillo se encontraba aquél cuyo cabello era de un rubio cual sol, retiró su capucha y un reconocido pendiente dorado en la oreja resaltó a los ojos de Jérek.

– Hoy será tu fin Scáriot, tu reinado de esclavismo y maltrato tendrá un verdugo, yo, Mateo Bynitti Duque de Zaphir encaminaré a los Yittanes a una lucha por igualdad. –

Las miradas se cruzaron, Scáriot estaba realmente furioso, dirigió su índice a Jérek – el destino te sonríe pequeño, pero sabes que al final todo los caminos que escojas llegarán al mismo punto, la misión que deseo que cumplas es sencilla, tráeme a Kora, hija de Owen y Kalíz, vive en Fiura, si lo haces, te daré los detalles de la desaparición de tus padres y el nombre del culpable, en cuanto a ti – dirigiendo su índice a Mateo – no tendré misericordia con quien menospreció un título otorgado por mi espada, osas traicionar a tu rey, irrumpir en mi palacio y blasfemar contra mi persona, no habrá piedad contigo – dijo

Mateo apretó fuertemente sus dientes, sabía que no enfrentaba a cualquier rey, su don de FulFal  había sido muy bien estudiado y su única posibilidad es que aquella espada que portaba en su cintura atravesara la carne de Scáriot, para ello necesitaba que el regente utilizara solo la fuerza de la roca, pues cortar el aire era imposible, pero esa espada, quizás esa espada era la solución para darle fin al reinado de Scáriot.

– Les dije que no tardaran mucho, yo también tenía una cita con el rey – les dijo Mateo a los chicos mientras les guiñaba el ojo.

Jérek pensó un instante, ese era su momento para escapar, pero algo lo frenaba,  ese hombre, quien era, realmente cree que puede matar a Scáriot, si fuese cierto él tendría que verlo morir, – Así que te llamas Mateo, ahora que llegaste no podré irme sin antes ver como acabas con tu rey, estoy impaciente – dijo Jérek.

Scáriot enfureció y dejando caer su capa de monarca, gritó tan alto que los cristales de los ventanales vibraron, sus puños apretados tomaban un color ocre dejando ver la fuerza que emanaba de sus adentros.

– Es el momento – pensó Mateo y en un abrir y cerrar de ojos se encontraba frente a Scáriot, en su mano portaba una espada cuya belleza se reflejó en los ojos asustados del rey, un ataque fugaz desde arriba atinó contra el hombro del regente, y para sorpresa del mismo la hoja de la espada penetraba su piel dura cual si fuese roca, en fracciones de segundos el filo se abrió paso por todo el cuerpo del rey, como si cortase una hoja de papel, en su filo la sangre de Scáriot reposaba, pero no era suficiente, en un pestañar Mateo ya se encontraba junto a Lyne y Jérek, – he fallado – dijo

Jérek estaba aturdido, todo fue demasiado rápido, quién era este hombre, porqué se movía tan velozmente, ¿acaso era su don?, una gota de sangre cayó al suelo – llegó a herirme – dijo Mateo mientras presionaba una herida  poco profunda en su costado izquierdo, – ese hombre es una bestia, fue demasiado rápido como para que le diera tiempo a reaccionar, apenas pude cortarlo, se hiso liviano luego de herirme, si no hubiese cambiado de duro a liviano en ese momento, quizás hubiéramos muerto los dos, pero ya no importa, mi plan falló, por mi culpa muchos de los Yittanes que me acompañan morirán en vano – pensó Mateo.

Scáriot, se encontraba frente a su trono destruido, bajo sus pies se acumulaba un pequeño charco de sangre – hacía ya tiempo que no sentía esta sensación – dijo mientras presionaba la mano contra su hombro herido – realmente duele, duele mucho, creí que jamás volvería a sentir lo que era salir herido, estaba preparado para tu don, pero nunca imaginé que te hubieras hecho de esa espada. Eso te convierte en un peligro, un verdadero peligro. La próxima vez que nos veamos, no te dejaré escapar, lo sabes.

Mateo asintió con la cabeza – lo sé, yo tampoco lo aré – dijo y abrazándose de Lyne y de Jérek desaparecieron del castillo. Todo fue muy rápido, Jérek solo tuvo tiempo de ver pequeños laxos de tiempo en su inusual recorrido, estaban en el castillo blanco, luego en las afueras de él, luego en los campos de trigo cultivados por los Yittanes, luego en las afueras de Zaphir, como si fuesen saltos en el tiempo, cada aparición era lo más parecido a un despertar en la mañana, que tipo de don inusual era ese.

– Aquí están lo más seguro posible, en mi estado no podré seguir realizando saltos, debo marcharme, si los traje conmigo solo fue porque al parecer también eran enemigos de Scáriot. Deben irse –  dijo Mateo.

Un momentogritó Jérek mientras sostenía el brazo de Mateo – ¿tu don…?

– Quieres saber – interrumpió el sangrante – soy un Giummper (don que significa saltador), algunos suelen confundir mi don y se imaginan que solo se trata de un tipo que es muy rápido, pero la verdad tras mi habilidad es que puedo realizar pequeños saltos a corta distancia, controlando el espacio de tiempo que existe entre el origen de mi salto y el fin, esto requiere de un gran gasto de mi energía por lo que solo puedo hacerlo pocas veces – en su rostro se evidenciaba el pesar de haber dejado a tras a muchos Yittanes que le confiaron su vida, todos se lanzaron en un fugaz intento para acabar con la tiranía de Scáriot, sabían que si Mateo fallaba iban a morir, su destino estaba en aquel golpe, ya nada se podía hacer.

– ¿y la espada? – preguntó Lyne mienta observaba la belleza única de aquella arma, era demasiado fina, su filo se notaba capaz de cortar el hierro cual si fuese papel, en su empuñadura dorada resaltaba la incrustación de un pequeño sol en la base y a lo largo de su hoja un escrito en runas gastado e indescifrable por el tiempo.

– La espada… solo les diré que se trata de una de las siete hojas legendarias, una de los siete únicos sobrevivientes al Eco Salem Dijú, una de los siete objetos que quedaron en pié existentes desde la Antigua Tierra, soy portador de CramLeesh (hoja cortante), más conocida como Filosa, con ella pretendo asesinar a Scáriot, me fue otorgada por el cuarto Dijú, Nadal, ¨Tu valor a despertado en mí la curiosidad, sé que no deseas morir, no hoy, y yo te daré tu segunda oportunidad, serás mi segundo amado, y tu regalo será la espada en la roca¨, me dijo y al despertar ya la empuñaba, suelo pensar que nuestro destino es tomar la vida del Rey Celeste, así que lo ansiaré hasta que muera en el intento, deben irse ya, pronto nos buscarán, estoy seguro que nuestros caminos se unirán en un después – dijo Mateo y luego solo desapareció.

Jérek abrazó a su amada, tan fuerte que a la chica le costaba respirar – no vuelvas a mentirme, no lo soportaría – dijo, ella solo lloró.

– ¿Y ahora, hacia dónde vamos? – preguntó ella

Scáriot quiere que le lleve a esa chica llamada Kora, quiero saber quién es, por qué la busca, qué papel juega en sus ambiciosos planes, la buscaremos y luego ya veremos – dijo el joven, en su mirada una luz nacía, engendrada por el odio y un nuevo propósito, su camino se hacía visible, quizás su destino no era tan cruel como pensaba, su papel en este mundo tenía que ser expuesto, no podía esperar a que sucediera por sí solo.

                                   Fin del Capítulo

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