Seré su Valentía
Marko se levantó del tronco donde se encontraba sentado – Ya se han decidido, parece que intentarán luchar, Brook, entra a la tienda y no dejes que la chica salga de allí – ordenó el líder.
– ¿Los derribo con mi arco? – preguntó Rulf mientras su compañero cumplía con la ordenanza.
– Espera, ¿no lo ves?, solo se acerca uno de ellos – dijo Marko – intentaré frenarlo.
– ¿Quién eres? – las palabras del Crummer resonaron en la mente de Nathael. El chico se detuvo por un instante.
– Un momento joven, ya la situación cambia, se trata de un Crummer, no contábamos con eso – dijo Conan.
– Por fin escucho a su compañero – dijo Marko a Rulf – pero no logro captar sus emociones.
– Yo no percibo su aroma jefe, no lo entiendo – dijo el Fardo.
– ¿Quiénes son? – gritó esta vez Nathael a los dos personajes que ya se distinguían junto a la hoguera.
– Somos de la Escarlata – dijo Marko – acampábamos para partir mañana hacia Dermacot
– ¿Quién es la chica? – preguntó el joven.
– Eso no es asunto tuyo, viaja con nosotros – respondió Marko – ¿Dónde está tu acompañante? – preguntó
– No saldrá hasta que estemos seguros – dijo Nathael.
– Lo mejor será marcharnos joven, no veo razón alguna para arriesgarnos, quizás tiene razón y son de la Escarlata – dijo Conan.
–Del héroe no seré su orgullo – dijo Nathael y se mantuvo en espera
– ¿Qué quieres decir con eso? – preguntó Marko.
– Nada, solo comprobaba que supieras cual es el lema de La Nación Escarlata – respondió Nathael
Kora se encontraba asustada bajo la tienda, ya había consumido todo su llanto desde la muerte de sus padres, sus manos atadas dolían mucho pero no se comparaba con el dolor de la pérdida, se encontraba recostada sobre su dorso izquierdo, su corto vestido adolecente dejaba ver la suave piel de sus piernas, su cabello carmesí caía sobre su hermoso rostro, Brook no había podido quitarle la vista.
– Eres muy hermosa – dijo – si tan solo no tuviéramos que entregarte te habría hecho mi esposa – Kora volteó su rostro en la dirección opuesta al Fardo. Una mano fría palpó sus pantorrillas, sintió como la áspera palma recorría su pierna subiendo cada vez más. Un grito rompió el silencio de la noche.
– ¿Y ahora qué? –preguntó Marko.
Nathael no lo dudó más, descendió rápidamente entre los follajes, saliendo de las sombras de los árboles en dirección al claro – del héroe no seré su orgullo, seré su valentía – recitó y en un movimiento de su mano desenfundó la espada que perteneció por generaciones a los hombres de su familia.
– Kattara (origen) – murmuró Conan, acto seguido Nathael presenció una historia frente a sus ojos.
– ¿Qué sucede? – preguntó el chico, mientras avanzaba era como si todo sucediera muy lento, la espada se le relevaba, las imágenes de sus anteriores batallas en manos de sus antepasados pasaban por su cabeza, el hedor de la sangre, el honor, las victorias, las derrotas, todo una vida de violencia y muerte. El chico se detuvo, las náuseas le provocaron una seca y adolorida arcada.
– ¿Qué te sucede pequeño? – Preguntó Marko en la confusa cabeza de Nathael– ¿A caso el miedo te ha petrificado? –
El joven se irguió nuevamente, apretó con más fuerza su espada y dejó escapar una leve sonrisa – ¿conque de esto se trata el origen? –
Marko predijo su ataque, en un velos movimiento su espada colapsó contra el filo del arma de Nathael – es inútil que intentes herirme, yo sabré todos tus movimientos mucho antes de que… – un ataque horizontal interrumpió las arrogantes palabras del Crummer, quien tuvo que reaccionar y esquivarlo para no salir dañado.
– Puedo leer sus pensamientos, sé por dónde atacará, pero se me hace muy difícil reaccionar, tiene una habilidad con la espada fuera de lo normal, este chico tiene el nivel de un Caballero Plateado (se refiere a la guardia personal del Rey de la Nación Plateada, quienes se dicen que son los mejores espadachines de la Nueva Tierra), debo atacarlo y vencerlo rápido – se dijo a sí mismo Marko mientras se despojaba de su atuendo encapuchado.
El Crummer apretó con fuerza el mango de su espada y cuando intentó cargar contra el joven, frenó su ataque y retrocediendo la hoja de su arma repelió el veloz estoque que le proporcionó el chico – No tengo tiempo de atacar, es muy rápido con la espada, si no hubiese leído sus movimientos me habría matado – pensó.
– Ríndete ya – dijo Nathael – te seré sincero, es la primera vez que blando la espada más allá de una simple práctica, pero por alguna razón algo me dice que no podrás vencerme –
Marko pensó un instante, el chico tenía razón, sus movimientos iban más allá de una simple predicción de sus acciones, no podría ganarle esa batalla. Dejó caer su espada al suelo y levantando ambas manos le dijo: – Puede que hubieses saboreado la victoria si esto fuese un simple duelo, pero se te olvida que estamos en guerra y que nosotros no somos caballeros, somos mercenarios – la punta de una flecha se asomaba ensangrentada, saliente desde el pecho del joven, el arco antes cargado, se dejaba balancear desde la entrada de la pequeña tienda.
– Siento interrumpir su duelo jefe – dijo Brook mientras salía con arco en mano.
– Buen trabajo, de todas maneras me hubiese vencido de no haberte entrometido, sigo sin entender cuál es el misterio de su don, solo sé que era demasiado peligroso, tampoco entiendo por qué su compañero nunca vino en su ayuda. – dijo Marko
– Quizás pensó que el chico solo podría y luego de verlo morir huyó acobardado. – dijo Rulf que había permanecido expectante.
– Recojan el campamento, partiremos enseguida. – dijo Marko mientras vestía sus vendas con su traje encapuchado.
Fin del Cuento
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