
Abro los ojos y lo primero que escucho es un insoportable zumbido en mis oídos, debe ser producto de la mala noche que he tenido. Apenas dormí, pero no recuerdo la última vez que lo hiciera de manera distendida, sin despertar varias veces durante la noche y la madrugada, así que es normal mi resaca matutina. Reúno las pocas fuerzas de las que dispongo y hago la típica abdominal para levantarme. Mis pies tocan el suelo, está frío, pero cuando en otro momento hubiera regresado bajo las sábanas para volver a calentar mis plantas, ahora solo las dejo, aunque es un poco molesta la sensación. ¿Dónde estarán mis chancletas? ¿Será la necesidad de sentir algo lo que me mantiene soportando está tortura tan temprano en la mañana? Preguntas estúpidas. Pero si me siento estúpido, no creo que pueda pensar de otra manera. Sonrío, ahora también soy un idiota. ¿Cómo si a alguien le importara? Me encojo de hombros y decido cubrir la distancia del cuarto a la cocina así, con las plantas desnudas, dejando que mis pies se llenen de suciedad, dejando que el frío penetre mi piel.
Degusto el habitual trago de café de mis mañanas, mientras trato de definir de donde proviene ese malestar que me… ¿llena? Creo que mejor escojo otra palabra. Asalta. No, tampoco. Es más bien un inquilino no deseado pero que realmente agradezco, así que diré que es mi compañía, junto a la soledad que me rodea ahora mismo. ¡Un momento! ¿Dónde está todo el mundo? Opto por olvidar estas tonterías y me centro en volver a la cama. Sí, voy de vuelta a la cama. Es que me cuesta demasiado animarme a hacer algo últimamente, no sé qué mierda me pasa pero es así. Es como si…como si…tengo miedo de decirlo, no me gusta cómo suena dentro de mi cabeza. Al final, mis labios se mueven, pero no emito ningún sonido, solo musito la palabra, como si el hecho de no decirla, no pensarla en voz alta, fuera a hacerla desaparecer, hacerla menos real. “Vacío”.
Es cómico cuando menos mi problema, es la primera vez que digo, o pienso en esto y no es por hambre. Me revuelvo sobre la cama en una carcajada que, de no haber estado solo, hubiese traído más de un una pregunta. Aunque ya mi familia está acostumbrada a mis excentricidades y rarezas de vez en cuando, así que simplemente me miran con cara de “¿y ahora qué? Y me dejan estar. No voy a hacer un drama de esto, si pudiera, hiciera más bien un cuanto de terror o de horror donde haya muchas entrañas y sangre por todas partes…por desgracia, los pensamientos no se prestan para eso, así que mejor no. Aunque dudo que fuera capaz de escribir algo ahora mismo. ¡NECESITO LLENARME! L-L-E-N-A-R-M-E. Lle-nar-me…no importa como lo exprese, sigue sin gustarme. Y lo peor, no me llena.


