El cadáver (petición de Kgro)

El Cadáver

Las sirenas de la policía me despertaron, mi cabeza no paraba de dar vueltas y no tenía idea de donde estaba…ni de quien era. Comienzo lentamente a percibir la realidad a mí alrededor, las paredes, pintadas de un color azul claro manchado de heces de moscas y algunas manchas de café cerca de los rodapiés. Todo me daba vueltas, era difícil definir arriba de abajo, lo que si tenía presente, era ese olor ferroso en el aire que me provocó arcadas de muerte. Me costaba abrir los ojos, tanto que el ardor al parpadear era insoportable. Dejé los ojos cerrados para evitar vomitar, apoyé mi cabeza sobre el colchón, sintiendo por primera vez que estaba acostado sobre un fluido espeso, de ahí provenía el hediondo olor que casi hacía que expulsara mis entrañas. ¿Qué demonios es esto? La respuesta llegó con una helada punzada en el pecho, al abrir los ojos y notar que mis manos estaban manchadas de sangre, así como todo el costado de mi cuerpo en el que estaba apoyado. Me revisé en busca de heridas, pero no, estaba ileso, todo el rato obviando la silueta que reposaba justo al lado mío. Deslizo li vista hasta mis pies en busca de aquel cuerpo helado que los rosaba. Era una chica, fijo que lo era, el carmín en sus uñas así lo indicaba. Seguí subiendo por sus piernas con mis pupilas más alejándome en cuerpo del escalofriante frio que emitía su compañía. Mi corazón se detuvo un instante, justo cuando el rojo comenzaba a parecerse más a sangre seca y coagulada. ¿Está muerta? Me pregunté, claro que sí, nadie aguanta tanto su respiración, su abdomen no oscilaba como el mío. Me detuve en su ombligo unos instantes, el miedo no me dejaba avanzar, retiré lentamente su mano gélida que reposaba sobre la mía y tras respirar profundamente giré por fin mi cabeza 90 grados a la izquierda. Mis ojos titubeaban clavados en su garganta, una feroz herida se extendía desde un extremo al otro, la escalofriante escena de un manantial purpura y seco que brotó de su desgarrado cuello me pareció lo más horripilante que he presenciado en toda mi vida, lo cual afirmo sin siquiera acordarme de algún fragmento de esta.

En la calle las sirenas siguen sonando y las voces de una multitud enloquecida me descontrolan aún más. Su rostro estaba tapado por su cabello, de color ambarino, sus labios pintados de un rojo vivo, no como su sangre. Su cuerpo completamente desnudo lucía una belleza resplandeciente capaz de opacar cualquier signo de una horrorosa muerte. Alguien la había asesinado… ¿habré sido yo? Era incapaz de recordar algo, cualquier cosa que intentara traer de mi pasado me provocaba un intenso dolor de cabeza, como si fuera un yunque al que el herrero golpea sin compasión.

Di un respingo y caí de la cama, me di cuenta que mi única vestimenta era la sangre que comenzaba a secarse en mi cuerpo. Traté de mantener la compostura, pero no pude impedir emitir una maldición al viento mientras me ponía de pie e intentaba pensar racionalmente. ¡Imposible! Desesperado busque a mí alrededor pistas que me ayudaran a aclarar toda este sinsentido. Vi sobre la mesita de noche un periódico Ahora, fechado el 20 de diciembre de 2019, aunque no tengo manera de saber si es la fecha actual. Las sirenas seguían atormentándome, ¿Qué relación tenía con esa joven?, su edad evidente, su color de piel, el tamaño de su busto, su frágil mentón, quizás no me acuerdo de ella pero algo me dice que era del tipo de chica con la cual me enrollaría. Piensa, piensa… ¿Qué hago aquí?, parece ser su casa, las fotos en las paredes son solo de ella y otros desconocidos, yo no aparezco en ninguna, observo mi rostro asustado en el gran espejo de la cómoda y en varios giros intento encontrarme en alguno de los retratos. Negativo, parece ser que no compartíamos algo serio.

Una voz en las afueras me indica salir de la casa con las manos en alto, rayos de luz iluminan desde las ventanas la tenue claridad de la noche dentro del cuarto. ¿Qué está pasando? Mientras retrocedo una punzada en mi pies descalzo me muestra el arma homicida, tomo en mi mano lo que a impresión era un cuchillo de cocina, muy afilado, rastros de sangre lo delatan. Comprendí en ese instante que las ultimas huellas ahora eran las mías y con rabia lo dejé caer. Que tonto soy, ahora sí que me incriminan, entrelazo mis dedos sobre mí nunca y me pregunto si realmente la habré matado yo. ¿Qué es esto?, una hendidura en la parte trasera de mi cabeza responde mis dudas acerca de este grave dolor que me palpita. Mojo mis dedos y compruebo que también sangro, aunque no mucho. Repaso el lugar y doy con el culpable, un grueso libro de Cocina Criolla tiene sangre en uno de sus bordes, casi sonrío entre todo aquél caos. ¿Qué pasó?, critique su cena y luego de ser agredido actué como un maniático degollándola, no, qué va, sino por qué estaríamos desnudos, además ahora que palpo el grueso de la carátula y lo abollada que está, de seguro caí inconsciente luego de ser golpeado. La puerta está siendo forzada, ¿Qué hago? ¿Escapo?, deben haber rodeado todo el perímetro, Mierda, estoy jodido. Tiene pequeños cortes en sus brazos, parece que luchó antes de ser degollada, alguien pudo escuchar sus gritos, si no, como es que la policía está aquí. Mierda, si tan solo recordara. Claro, corro hacia los pantalones que están en la alfombrilla y saco del bolsillo una billetera, William, me llamo William, o eso es lo que dice este carnet. Tengo 35 años, nacido en Holguín, calle 24 de… pero esto que importa, lo que realmente importa es cómo y por qué la maté. Sigo buscando en mis pertenencias con la presión de una puerta siendo forzada, alguien grita mi nombre desde fuera, pero no logro escucharlo bien, mi cabeza aún da vueltas, tomo un papel y corro a obstruir la entrada, por alguna razón de supervivencia corrí armado con el cuchillo. Le llamo supervivencia pero la duda de si realmente estoy acostumbrado a ir armado me hace pensar. Leo detenidamente el papel y por lo que aprecio es una especie de prueba de Psicología Universitaria con sus respuestas, ¿pero qué clase de tipo soy yo?, un profesor de la Universidad que ha venido a intercambiar exámenes a su alumna por un poco de diversión. Cuanto más pienso más asco me doy, me alejé lentamente de la puerta y casi sin dudar apreté el mango del cuchillo poniéndolo en dirección a mi pecho. Sí que soy un mal parido, prefiero morir a tener que vivir enjaulado con la incertidumbre de si un día recuperaré mi horrenda memoria, colmada seguro de actos diabólicos y sexópatas.

Solo sentí paz luego de apuñalarme, casi ni dolió el deslizar del filo quebrando mi piel y adentrándose en lo profundo. Caí de rodillas, la puerta casi se habría y entonces escuché la voz un poco más clara.

– William, William, ¿estás ahí? Ábrenos William, ¿está Mónica?, vieron a tu mujer entrar –

¿Mi mujer? ¿Esta chica era mi mujer?, mis manos están rojas de nuevo, ya casi me cuesta escuchar la vos, hasta que se abre la puerta.

– William, ¿qué ha pasado, quién le ha hecho esto a Mónica, donde está tu mujer William? Los vecinos la vieron entrar y luego escucharon gritos ¿Dónde está tu mujer?

Ahora entiendo todo, Mónica era mi amante, quizás algo más, si esta es su casa y al que llaman es a mí, significa que la frecuento mucho, o es mi otra casa, una en la que no puedo dejar más que mi cepillo de dientes en el baño y una muda de ropa. Tal vez también amo o amé a la difunta. Sí, tengo que haberla amado, algo muy dentro de mí me dice que no soy un hombre que pueda vivir dos vidas sin una razón de peso…pero ya caigo sobre el suelo y la sangre que cubre mi abdomen ahora si es la mía…todo comienza a volverse oscuro.

Al fin puedo sonreír con todo este dilema, lástima que vaya a morir sin acordarme de la que fue mi esposa… debió haberme amado para no matarme también.

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Una Familia Feliz