A Prólogo (Eco Salem Dijú)

Prólogo

Eco Salem Dijú

El ser humano, inundado de sabiduría y progreso, poco a poco se fue llenando de ingenuidad. La comodidad lentamente fue acabando con sus ganas de vivir. Rodeados de tecnología y avances, no tenían la necesidad de salir de sus hogares, que se habían convertido en libres prisiones. Las maquinarias sustituyeron al hombre en los trabajos, algunas cumplían labores domésticas con una capacidad asombrosa, eran rápidas, agiles, fuertes y obedientes al punto de ser necesarias. Muchos, aprovechando el poder oculto tras la tecnología, utilizaron estas herramientas como armas de destrucción masiva, con fines egoístas, países tomaron países, ciudades tomaron ciudades, el hombre ería a voluntad sin ser juzgado, no había ley,  no había armonía, no había igualdad. La Antigua Tierra, como se le llama, constaba de tres continentes y solo dieciocho países, cifras que iban disminuyendo desde el inicio de la tercera guerra nuclear. Pero pronto iba a acabar tal brutalidad. …Ese día las calles por primera vez en cien años se llenaban de la casi única especie en pie sobre la tierra “El Hombre”. Todos, levantaron sus cabezas y observaron el acontecimiento que pondría fin a su estilo de vida. El cielo, se tornó un rojo vivo y atemorizante, el viento dejo de soplar y el mar no asomaba sus olas.

-Mirad, mirad –  se escuchaba en todas las calles. Pupilas asombradas se enfocaron en las nubes enrojecidas, viendo lo que quizás fuera la materialización de un temor que arrastraban desde su creación.

– Incompetentes  –  resonó el cielo con tal fortaleza que la tierra se estremeció, la voz se escuchó a lo ancho de Américas Unidas, Asia y La Gran Europa.

Los continentes fueron sacudidos por un momento y luego la voz se volvió a escuchar:

– Se les dio vida para que pensaran, no para que las maquinas lo hagan por ustedes, se les dio vida para que decidieran su futuro, no para que ellas lo sean, se les dio vida para que la vivieran, no para que objetos fríos y sin emociones se les hagan necesarios para vivir. Cansado de ver cómo siglo a siglo pierden la voluntad y el verdadero concepto de vivir, Yo, Faríz el Primer Dijú, guardián de la tierra que pisan, hoy me proclamo como el que trajo el fin de esta era. Sarín caro Sura (Ruptura del Primer Sello) – Fue lo último que se escuchó antes de que la tierra, envuelta en furia comenzara a sacudirse con una fuerza nunca vista, las edificaciones se desmoronaron como castillos de naipes, las calles se agrietaban a lo largo de países, la humanidad estaba presenciando su juicio final. Siete lunas fueron suficientes para devastar lo que costó siglos construir… Muchos murieron, mientras que los sobrevivientes rezaban alzando sus cantos y oraciones pidiendo piedad…

Ese día todo se tornó profano y el aire expulsaba un hediondo olor.

– Incompetentes  – se escuchó nuevamente, los humanos aterrorizados alzaron sus miradas como hacía siete días,  pero esta vez tratando de escuchar palabras piadosas en la grotesca voz.

– Yo Tarío, segundo Dijú guardián del cielo que os cubre, hoy me proclamo como su eterno torturador. Sarín late Sura (Ruptura del Segundo Sello) – fue lo último que se escuchó antes de que las nubes verdosas comenzaran a inquietar con sus truenos y relámpagos, el cielo parecía enojado con la humanidad, un grito de agonía y horror a raíz de la primera gota anunciaba la llegada de una lluvia acida que nacía en el horizonte, asesinando a su paso la escasa vegetación e inundando los terrenos baldíos. Siete lunas duró el diluvio, las calles repletas de cadáveres despedían un desagradable olor a sufrimiento. Miles murieron y otros poniendo sus cuerpos al límite sobrevivieron.

Ese día todo se tornó oscuro, el sol dejo de alcanzar la tierra con su luz, el mar silbó como avisando que algo malo sucedería y fue cuando nuevamente se escuchó:

–  Incompetentes, yo Ándaro, Tercer Dijú, guardián del mar que os da vida, hoy me proclamo como su justo verdugo. Sarín ena Sura (Ruptura del Tercer Sello) – fue lo último que se escuchó antes de que el mar comenzara a alejarse como si estuviera siendo absorbido por la tierra en algún lugar del planeta y luego… solo silencio. Una enorme ola traía muerte en su veloz movimiento, y en su interior cuerpos arremolinados se despedían de este mundo juzgados por igual. Siete lunas duraron las inundaciones, la tierra se veía vacía, herida, vestía un traje de destrucción color gris pálido. Pocos sobrevivieron, aunque algunos desearon haber muerto. Y entonces el cielo se tornó blanco, una claridad que no dejaba abrir los parpados nacía a lo alto de la atmosfera opacando la propia luz solar, con sus manos sobre sus ojos como quien quiere ver a lo lejos, escucharon una conocida palabra:

– Incompetentes, yo Nadál, cuarto Dijú, guardián del tiempo y el espacio que os dio a luz, hoy me proclamo creador del nuevo mundo. – Sarín eco Sura (Ruptura del Último Sello) – fue lo último que se escuchó antes de que la luz cegadora, cada vez con más fulgor, hiciera arder la tierra.

– No os valláis sin ser consientes, mírense y júzguense ustedes mismos porque será lo que os llevareis al otro lado, sabéis que sus gritos y lamentos no son más que falsas lágrimas implorando piedad, no para sus almas, sino para sus cuerpos, cuando deberíais estar lamentando lo que le habéis hecho a su madre, La Tierra, a su propio hogar. Os culpo por un mar sin vida, por un cielo oscuro, por una tierra virgen con necesidad de ser laborada, os culpo. Pero no os preocupéis, pronto el mundo renacerá y la tierra nuevamente estará lista para ser poblada, más estos primeros hombres serán a su semejanza, pero a la vez diferentes, esta vez no os dará a luz el tiempo y el espacio que en algún momento los creó, seres sin honor y llenos de pecado, esta vez se corregirá el error más garrafal de su génesis, esta vez, provenientes de nuestra propia carne se alzará una raza de seres superiores y aunque la semilla del mal ya esté alojada en sus corazones, nunca existirá maldad capaz de atentar contra La Tierra, su legítimo hogar. De sus mentes será expulsado el intelecto para crear armas y máquinas absurdas, la tecnología será olvidada, serán borradas de su amplia capacidad intelectual y todos estos malignos recuerdos serán encerrados donde no puedan ser profanados. Sura droyth (Sello Maldito)  – dijo mientras se escuchaban los chasquidos de una cadena retorciéndose. Siete lunas duro aquel infierno y cuando ya la tierra solo era poblada por cenizas, se escuchó una voz tibia y calmada:

– ¡Naced! –

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