Capítulo 3 (¿Quién eres Realmente?)

        Capítulo 3          

¿Quién eres Realmente?

A todo galope un jinete recorrió la ciudad de Zaphir rumbo al Castillo Blanco, en su trayecto dejaba una estela de gotas de sangre, de un golpe se abre el portón y entra casi de traspiés, dirigiéndose al trono se inca ante el monarca, su respiración sofocada lo mantuvo taciturno por unos instantes…

– no son buenas noticias – dijo sin levantar la cabeza, una flecha en su pecho se mostraba rígida y doliente.

El soberano se mantuvo ajeno a su presencia, descruza los pies mientras se acomoda en el trono, y con un tono grave se despide del ave que reposaba sobre una de sus patas en su hombro derecho. El exhausto siguió el revoloteo de pájaro oscuro de ojos amarillos hasta que se perdió por una de las ventanas redondas del salón.

– Ya lo sé – dijo Scáriot parándose del sitial mientras avanzó hacia él.

– ¿Tienes lo que te pedí? – Pregunta mientras extiende su mano arrugada como esperando algo de su súbdito. Este desliza su mano y sacando de su morral un pedazo de tela roja casi chamuscada lo entrega entre temblores.

– Tal como lo pidió mi rey, la misión fracasó pero logré traer conmigo el encargo – las gotas de sangre se mesclaban con la alfombra roja que se extendía bajo sus ojos.

– Muy bien, realmente no pensé que fuera necesario recurrir al plan B, pero el destino no siempre nos espera con gratitud, por ahora puedes retirarte, tu recompensa llegará – dijo y en un movimiento fugaz el siervo levantó la mirada, sus pupilas temblaban con asombro –  no es necesario que temas, tú has cumplido tu parte, puedes irte.

– Gracias, muchas gracias majestad – dijo, mientras se retiraba haciendo reverencias algo atípicas.

Mientras tanto en una aldea cercana de la Celeste llamada Runis (Las Ruinas), Jérk sale al patio en busca de Lyne y la encuentra inclinada frente al gran roble rojo.

– ¿Qué haces cielo? – ellas continuó concentrada, en sus manos portaba un cratul (ave pequeña de colores vivos cuyo trinar es hermoso)

– ¿A muerto? – pregunta él mientras se agacha a su lado

– Si – responde, cubriendo con su mano derecha al cratul y serrando sus ojos recita – Albbur (alma)

El ave comenzó a moverse, y dándole un beso tierno la dejó volar hacia la pradera.

– No crees que es algo cruel, sabes que dentro de algunos minutos fallecerá nuevamente – dice Jérek apoyando su mano en el hombro de Lyne.

– Ya lo creo, y no intento juzgar si merece al menos unos instantes más de vida, solo lo tomo como práctica, mi don es algo que no pedí, pero tengo que coexistir con mi destino, igual tú con el tuyo –

– Tienes razón, y no es por parecerte fatídico pero creo me tocó peor si se trata de dones – dijo Jérek

– Soy consciente de eso cielo, pasemos adentro, debes estar muerto de hambre –

Esa noche el viento soplaba del noroeste, desde las montañas de la Nación Plateada, Jérek despierta inquieto tras percibir la ausencia de Lyne, siente el crujido de las maderas de la ventana cerrándose y el graznido de un cuervo que se alejaba – ¿Qué sucedió? – le pregunta a ella desde la cama.

– no pasa nada cielo, es solo un ave que no me dejaba dormir golpeando en la ventana – dijo ella mientras volvía al lecho.

– ¿El mismo cuervo de siempre? – pregunta

– No lo sé, no los diferencio – dijo Lyne acomodando su cabeza sobre el brazo de su marido.

– Ahora me toca a mí preguntarte que te sucede, te noto muy ansioso –

– no es nada, es que…. – suspiró – por muy feliz que sea mientras estás a mi lado sigo sintiéndome mal, sé que mis padres aún se encuentran con vida, y no he hecho nada para buscarlos – dijo Jérek

– Ya han pasado dieciséis años desde que te abandonaron, si estuvieran vivos no crees que te hubieran buscado ellos a ti –

– Lo creo, pero algo me dice que no pueden hacerlo, quizás les pasó algo, ese vejestorio de Scáriot debe saber su paradero, el los convocó ese día y nunca más regresaron, y es sospechoso que nunca se halla querido reunir conmigo, a veces pienso que ese desgrasi…. –

– No pienses así – interrumpe Lyne – sé que es sospechoso pero Scáriot es un rey sabio y amable…. lo sé porque siempre ha hecho lo mejor para nuestro pueblo, o no recuerdas como se alzó en guerra contra Los Plateados para vengar la muerte de mis padres y muchos miles más que murieron en la destrucción de mi ciudad natal Thuemíll (Gemelos) –

– Tienes razón, pero a veces me cuesta creerlo, o si no ¿porque no responde mis solicitudes? –

– No debe ser fácil dirigir una Nación tan grande como la nuestra, ¿sabes cuantas solicitudes para una audiencia le deben llegar a su palacio? – pregunta Lyne

– Es cierto, olvídalo, ya algún día tendrá que encararme – dijo Jérek mientras la abraza.

A la mañana siguiente un fuerte toque a la puerta los despierta, Jérek camina dando tumbos aún descalzo y frotando su cara, pega un bostezo antes de abrir la puerta y luego la luz del día arruga sus ojos. Un jinete lo esperaba aún con las riendas de su corcel en la mano mientras sostenía un papiro en la otra.

¿Jérek Fulgore? – pregunta el soldado armado con el estandarte de La Celeste.

– Si – responde dudoso

– Ha sido usted llamado al Castilla Blanco, el rey Scáriot, monarca de La Nación Celeste demanda su presencia, debe presentarse ante él junto a su esposa Lyne, antes de la sexta campanada del día de hoy – acto seguido plegó el manuscrito y montándose en el corcel partió rumbo a Zaphir.

– ¿Qué quería? –  preguntó Lyne

– ¿Recuerdas nuestra conversación de anoche? –

– Si, ¿por qué? –

– Creo que era una señal de lo que iba a suceder, por fin el vejestorio de Scáriot muestra su cara –

– vez, te lo dije, solo debías ser paciente –

– pero no entiendo por qué nos convocó a los dos – dijo Jérek mientras serraba la puerta

– ¿enserio?, también me parece algo extraño, pero por nada del mundo me perderé este viaje a Zaphir, siempre he querido conocer al Castillo Blanco

– Ni lo pienses, algo no encaja, cuando mis padres partieron rumbo a la capital fue lo mismo –

– ¿Sigues dudando?, hazlo por mí, ten confianza, recuerdas cuando te conocí, me dejaste claro que tu don era peligroso, y ¿Qué te dije?-

– Sí, claro que lo recuerdo, solo una chiflada como tú se enamoraría de un Brákmon (don de la bestia, este don despierta en aquellas personas que experimentan el dolor de asesinar a un ser querido, su cuerpo aumenta de tamaño semejándose al de un gran perro, pero sus extremidades delanteras son más robustas y su fuerza es sobrehumana, su rostro es el de una bestia con cuernos y su carácter extremadamente violento los hace ser temidos ya que pierden el razonamiento, ningún usuario de este don sufre los mismos cambios, adquiriendo una forma única que varía dependiendo de la edad y el sexo), si mal no recuerdo creo que me dijiste que no me temías, que confiabas plenamente en mí –

– Exacto, ahora te digo yo, confía en mí – dijo Lyne mientras lo tomaba de la mano.

– Está bien Lyne, me convenciste, pero no te separes de mí, ¿está bien? –

– ¿Cómo? – Sonrió Lyne – se te olvida que de los dos yo tengo más destreza en combate, todavía no me has ganado un duelo –

– Aunque me de vergüenza tengo que reconocerlo, tu eres demasiado ágil con las cumass (Dagas pequeñas pero con un gran filo y de acero muy fuerte) – dijo Jérek rascándose el cabello.    

– ¡Qué bien!, por fin conoceré Zaphir ¿a qué esperas?, vistámonos –

La ciudad azul, como muchos la llaman, es una de las capitales más próspera de todas las naciones, se enriquece mediante el comercio de trigo y algodón, siendo de alta demanda en las naciones no aliadas, a las que se le vende tres veces su precio original mediante el artículo 103 del Tratado de Libre Comercio entre Naciones, esta urbe se encuentra rodeada de dos murallas de 18 metros de altura las cuales divide su población en torno a sus clases sociales, tras la primera muralla viven los celestes que dedican su tiempo y sus tierras al cultivo, la mayoría de ellos son los llamados Yittanes (significa inferior: personas que nacieron sin un don, o simplemente su singularidad se encuentra en una rama por debajo a los otros dones, siendo solo de utilidad para realizar labores de índole sanitaria, agrícolas, entre otras faenas que son vistas por la nobleza como necesarias, pero lejos de pertenecer a una clase social burguesa), tras la segunda muralla viven aquellos a los que se les han nombrado con títulos, condes, duques, caballeros, generales, mariscales, poderosos comerciantes, entre otros cuyos dones los han hecho escalar entre posiciones dignas de ser vistas en lo más alto. Los jóvenes atravesaban ya la segunda muralla, dejando atrás un pueblo donde se respiraba el sudor y el esfuerzo de sus habitantes, los grandes campos de cultivo, las desvencijadas y rústicas viviendas, un pueblo gris dentro de una colorida capital , ya en lo más profundo de Zaphir el aire era distinto, la nobleza se hacía notar desde la confección de las calles hasta las casas aledañas, uniformes de la celeste recorrían la urbe, coches remolcados por bestias de muy buen linaje le daban un bonito sonido a la ciudad, Jérek estaba maravillado, hoy las calles estaban repletas de personas, se aglomeraban y sus debates se convertían en un murmullo casi ensordecedor, la guardia también estaba animada, demasiados uniformes celestes, nada cumplía las expectativas del chico quien siempre pensó en Zaphir como una ciudad tranquila y de poco tránsito.

– Un momento – una mano frenó su andar, un personaje encapuchado tomaba el hombro del chico

– ¿Qué deseas? – preguntó este. El personaje dejó ver su rostro fino, su pelo era de un rubio característico de la nobleza, un colgante dorado hacía juego en su oreja izquierda.

– ¿A dónde se dirigen? – preguntó acercando su rostro y casi susurrando. Cerca de allí se aglomeraban unos pocos que murmuraban sin quitarle la vista.

– Tengo sita con el Rey, ya casi se me hace tarde… ¿Qué se les ofrece? – preguntó Jérek

El encapuchado los observó un instante, hiso una mueca de indiferencia y dándose la vuelta murmuró:

– No se tarden mucho, también tengo sita con el Rey – El chico estaba muy nervioso, realmente aquel personaje parecía de la realeza, un conde quizás, pero no había motivos de preocuparse aún, prosiguió con su camino. La quinta campana sonó y ya la pareja subía las escalinatas del Castillo Blanco, esta urbe majestuosa fue rediseñada a petición del actual rey, las paredes fueron levantadas con piedras recogidas del Lago Ege, que se reconocen por ser de un color blanco puro, todo el techado lucía una colorida vista, esculpido con rocas de muchas regiones extranjeras predominando el rojo y el azul, fueron dirigidos a su interior y llevados al salón principal pasando por una alfombra roja que terminaba justo frente al trono del monarca, el diseño de las columnas era una verdadera obra de arte, se levantaban en espiral desde la base hasta el techo donde los bajos relieves dibujaban extraños pasajes donde predominaba el elemento fuego. En ambos extremos del salón dos filas de escoltas se encontraban de pié, inmóviles, petrificados al punto de parecer solo armaduras puestas allí como decoración. Scáriot se encontraba sobre su trono, portando un atuendo auténtico de la realeza, su arrugado rostro reflejaba la verdadera expresión de un monarca, como si hubiese nacido para reinar, a sus espaldas una enorme chimenea se levantaba dándole un agradable clima al salón, se detuvieron ante el sobreaño, justo donde se termina la alfombra y desde el lugar que la óptica te hace dudar si verdaderamente el fuego de la gran chimenea sale de ella o de los hombros del orgulloso rey.

– Hasta que al fin te dignaste a encararme viejo – dijo Jérek haciendo una burlona reverencia, acto seguido las armaduras dejaron su estática apariencia y adoptaron una posición ofensiva mientras apuntaban con sus lanzas en dirección al chico. El monarca movió su mano izquierda y en un coordinado movimiento los escoltas regresaron a su sitio, permaneció callado, como esperando a que Jérek continuara.

– Intentaré ser lo más breve posible, ya sé que usted no cuenta con mucho tiempo, pues es obvio que estar sentado ahí todo el día debe ser muy incómodo y estresante – continuó Jérek en un tono irónico       – Si me ha citado ya usted debe conocer mi objetivo, así que por favor, sin tantos rodeos, aunque no crea  del todo en sus palabras necesito saber cuál es su versión, ¿por qué motivo mis padres nunca regresaron a casa? –

– Así que tú eres el hijo de Wileth y Eliza Fulgore, tu interrogante es algo obvia, es normal que desees saber por qué tus padres nunca regresaron a casa, por qué nunca se despidieron, por qué abandonaron a un chico de solo seis años con un don tan maldito que nadie querría siquiera acercársele – dijo Scáriot sin ni siquiera mirar a los ojos de Jérek, quien recordó su nómada infancia, y con rabia dejó escapar una lágrima.

– Tu padre, Wileth, trabajó muchos años para mí, batalló a mi lado y juntos vivimos la alegría que trae consigo la victoria, su don era inestable pero poderoso, éramos el equipo perfecto, tu padre, mi hermano Brandon y yo, cumplíamos cualquier misión sin conocer la derrota –

– mientes – dijo Jérek – un Brákmon no puede hacer equipo con nadie, el que lo posee está destinado a combatir solo, para un Bráker (abreviatura del don Brákmon) no existe la diferencia entre enemigos y aliados en el campo de batalla – Scáriot sonrió

– lo sé, pero quizás si te interesaras más en conocer a las personas que reinan en La Nación que vives, sabrías que mi hermano y yo éramos los indicados, Brandon era un Gouster (don que hace que el poseedor pueda desaparecer su cuerpo siendo totalmente invisible, con práctica se logra incluso desaparecer objetos, e incluso su aroma, significa fugaz), para tu padre era imposible percibirlo en la batalla, no puedes cazar lo que no vez, y mi don, mi don es único e inigualable – dijo el anciano mientras acariciaba su enrojecida barba – Soy un FulFal (don que significa liviano-pesado, el cuerpo del que lo posee puede cambiar su estado a tan fuerte como la roca o tan ligero como el aire ), y esto significa que prácticamente soy inmune a los ataques físicos, en cuanto a tu padre, era la fuerza y el ímpetu de la bestia, solo cesaba luego de cumplir el objetivo para el cual llamó a su yo asesino. Hacíamos buen equipo, como lo dije antes, éramos compañeros así que no veo razón alguna por la que pienses que tuve algo que ver con su desaparición.

– No te pedí que me contaras tus viejos relatos, no quiero saber nada acerca de mi don ya que nunca lo despertaré, ni siquiera sé cómo es su apariencia, y si dices que no tienes nada que ver cómo es que desaparecen el mismo día que visitan tu castillo – vociferó Jérek, Lyne había permanecido callada, sujeta del antebrazo de su pareja trataba de calmarlo todo el tiempo.

– Tu padre amaba luchar, la batalla, era un campo de juegos para él, solo el hecho de que fuera General de la Primera Armada Celeste demuestra su valía para mi Nación, pero en sus últimas misiones algo lo desconcentraba, se mantenía pensativo, como si estuviese fuera, hasta que mis dudas fueron aclaradas, tu padre renunció al cargo en mi ejército, y pidió ser liberado de sus misiones activas, pidiéndome directamente su renuncia, yo firmé su pedido con gusto, le di un nuevo hogar en Runis y le otorgué el cargo de Mariscal  de Zaphir, pero él se negó, me comunicó que deseaba llevar una vida pacífica, junto a su familia, que ya era la hora de dedicarse a vivir. Muchas familias cabeceras de Zaphir lo vieron como una traición a La Celeste, pero realmente solo lamentaban la perdida de tan valeroso y crucial eslabón en nuestra armada, su última misión fue en Sungela, luego de volver victorioso yo firmé su renuncia. Dos años después de la derrota de los Fenrrik, ganamos la guerra y recuperamos el Mysvally (valle brumoso), cité a tus padres como agradecimiento por su colaboración en la Segunda Guerra de Naciones, fueron recompensados con oro y comieron del banquete real, luego de su partida nunca más supe de ellos, les ofrecí escolta para su regreso, pero tu padre se negó, confiaba mucho en su fuerza, el misterio de su desaparición aún está siendo investigado, aunque hayan pasado ya 16 años, se rumorea que fueron asaltados para robar las riquezas que les fueron otorgadas, otros dicen que fueron asesinados tras las múltiples acusaciones de traición, pero nadie tiene pruebas. – La historia de Scáriot, pareció algo convincente, fue bien estructurada y conservaba una buena coartada, pero Jérek en el fondo desconfiaba del rey. Lyne tomó al chico de la mano y le dijo:

– ¿Tus dudas han sido aclaradas?, vez te dije que Scáriot no tuvo nada que ver – este solo miraba al suelo, como intentando convencerse a sí mismo de que el encontrar a sus padres ya era un caso perdido.

– Haz crecido mucho – murmuró el regente, el eco de la sala transformó el susurro en escalofríos al oído de Lyne.

– Todos cresemos en algún momento, es la ley de la vida, ¿no crees? – dijo Jérek

– No me refería a ti – dijo Scáriot mientras observaba a Lyne. La chica quedó petrificada, en ese momento la chimenea de la sala parecía haberse prendido aún más, una gota de sudor en la frente de Lyne viajó hasta sus temblorosos labios.

– No sé de qué hablas – contestó ella – nunca he venido a  esta ciudad –

– Mi querida Lyne, ya no tienes que mentir, tu labor ya está por terminar, el chico está aquí y su destino será escrito a partir de hoy – las palabras de Scáriot sembraron un ambiente de dudas en ambos jóvenes.

– ¿A qué te refieres? – preguntó Lyne, y en su tartamudeo hiso evidente el nerviosismo.

– ya no debes mentir más querida, solo empeorarás más las cosas, en algún momento tendría que enterarse y  que mejor momento que hoy, en este lugar, donde las respuestas se están haciendo presentes –

– ¿Qué tipo de historia te estás inventando ahora? – preguntó Jérek

– Realmente eres descortés, me acusas de mentiroso en mi propia casa, a tu rey, no tengo por qué mentir, dile a Lyne que te cuente ella –

– ¿Lyne, de que habla, que tienes que contarme? – La chica, estaba nerviosa, de sus ojos comenzaron a brotar lágrimas y sus húmedas pupilas se enterraban en el suelo.

– Me dijiste que nunca se enteraría – dijo Lyne – que debería olvidar nuestro vínculo y que los detalles de mi misión jamás saldrían a la luz, ¿por qué? – Jérek estaba impaciente, y en su cabeza nacían nuevas dudas.

Lyne es mi hija – dijo Scáriot – mi hija adoptiva, sus padres murieron cuando la Nación Plateada destruyó la ciudad de Thuemíll, yo la recogí de los escombros y le di un hogar en mi palacio, la misión que le encomendé era muy simple, el hijo de uno de mis más queridos amigos quedó huérfano, y su don era tan temido que ninguna persona cuerda intentaría crear vínculos con él, ese chico eras tú Jérek, yo me sentía culpable, quería que llevaras una vida normal, con amigos, por eso ordené a Lyne que se acercara, que te mostrara que aún existía la felicidad,  pero todo tiene su momento, y ahora tu momento es otro, ya no necesitas más ese amor inducido, ahora necesitas la fuerza para vencer a tu destino, la destreza para encontrar las respuestas que buscas – Jérek quedó petrificado, no quería creer lo que escuchaba, observó a Lyne por un ínstate, como quien quiere escuchar de su boca que todo es mentira, que realmente nada de eso sucedió.

– Escúchame Jérek – dijo ella entre llantos – Scáriot tiene razón en lo que dice, le pertenezco, siempre he trabajado para él, le debo todo, hasta mi vida, mi misión era simplemente acercarme a ti, nunca pregunté las razones, ni el objetivo, ni siquiera me importaba las consecuencias, solo me limité  a cumplir mi misión, pues solo así pagaba mi deuda y podría sentirme un poco más libre, entiendes, luego te conocí, y créeme, nada de lo que hemos vivido ha sido para mí una farsa, realmente te amo, puede que te halla omitido parte de mi pasado, pero nunca te mentí, créeme por favor. – las palabras de Lyne intentaron calmar al chico, pero lejos de esto, solo hicieron que Jérek quedara más confundido, se preguntaba si todo lo vivido con ella había sido un teatro, un montaje, una trampa para los acontecimientos por llegar, y la pregunta de ¿quién eres realmente?, nació en su cabeza.

– ¿Y cuál es el motivo de que me cuentes todo esto ahora? – preguntó a Scáriot en un tono grave y forzándose a controlar la rabia que lo poseía.

–  Juntos encontraremos al culpable de la desaparición de tus padres, te entrenare, te enseñaré a dominar tu don, y seremos compañeros como en aquel entonces lo fuimos tu padre y yo, déjame guiarte, déjame mostrarte el camino que tanto buscas, la felicidad que creíste tener era ficticia, pero algo más grande te aguarda, un destino que por más que intentes negarlo te persigue, pues así está escrito –  Jérek tuvo un veloz viaje a su pasado, recordó a su madre, a su padre, sintió la calidez de compartir la cama con Lyne en noches frías de invierno, sintió pena, pena por él, como pudo engañarse a sí mismo, con un ser tan despreciable en su interior nunca conocería la felicidad, quizás Scáriot tenía razón, quizás su destino se encontraba en el origen de su don, una bestia no fue creada para amar, el lugar de una bestia está en la ira, la venganza, la batalla, el odio, no se puede negar lo que se es.

– ¿Qué debo hacer? – preguntó

– Buena elección muchacho, tienes la misma actitud de tu padre, realmente me hace muy feliz de no haberme equivocado contigo, necesito confiarte muchos secretos, mostrarte muchas verdades que desconocen, muchas respuestas que nadie busca pero que nadie sabe, necesito hacerte merecedor de mi confianza, pero para eso, necesito saber si estás dispuesto a despertar tu don, la misión que te será encomendada demostrará tu valía y tu lealtad hacia mí. ¿Qué me dices?  –

– Solamente el amor que sentí por Lyne me pudo alejar de mi verdadero propósito, pero ahora todo me da vueltas, ya no confío en ella, y quizás por esa razón la chispa de odio que prende con la leña ceca de la venganza está calentando mi sangre, quisiera poder despertar mi don y saciar esta sed, pero debes saber que no es tan fácil hacerlo –

– Sé que no es fácil, pero te diré algo, a veces lo que buscamos está tan cerca que no podemos verlo – dijo el monarca y en un ademán de su mano lanzó su espada a los pies de Jérek, el eco metálico resonó como campanadas que dan inicio a un combate, ambos jóvenes se miraron y en sus cabezas el siguiente paso era muy obvio, Lyne sacó sus cumass y en veloz movimiento se puso en posición de combate, su pierna derecha apuntaba a Jérek pisando fuertemente el suelo, ambas manos armadas con las pequeñas dagas se encontraban amenazantes a la altura de su pecho y en su rostro una sospechosa sonrisilla se mostraba.

– ¿A qué esperas?, atácame… – gritó Lyne, en ese momento se engendró una nueva duda en la mente del chico, será capaz de matar a la mujer que ama, la traición será el motivo que incite a Jérek a cumplir con el verdadero rol en su destino, ¿Qué hará?….

De escoger a) Atacar a Lyne……..de click en este enlace

De escoger b) Negarse a matarla……..de click en este enlace

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