Capítulo 1 (Dos Almas y un Cuerpo)

       Capítulo 1          

Dos Almas y Un Cuerpo

… – Que gran historia – se dijo a si mismo Nathael mientras despertaba del trance. Retiró su mano derecha lentamente de la cubierta del libro dejando ver su título: Eco Salem Dijú (El Juicio Final de los Guardianes). Sus pupilas completamente blancas, comenzaron a oscurecer retomando su color natural mientras sus venas se deshinchaban poco a poco y los últimos renglones leídos terminaban de archivarse en su peculiar memoria.

– ¿Cuántos llevas joven Meffo (Don de los nacidos bajo la estrella de la sabiduría)? – preguntaron al final del pasillo central de la biblioteca, era Kron, aunque todos en A´Lorka (La Hoguera) lo llaman Maestre. “Kron Meridian, segundo con su nombre, ha dedicado sus 87 años al cuidado de la biblioteca El Campanario de Elena erigida en A´Lorka capital de La Nación Escarlata, nativo de este país nació bajo la estrella de la sabiduría, ocupa el cargo de consejero real y juez principal de La Suprema Corte”.

– Con este terminé el ultimo estante del ala C – exclamó el chico evidenciando en su rostro el orgullo y regocijo que esto le provocaba.

– Si continúas así pronto te convertirás en un Dusshe (Sabio) –dijo Kron

 – Sin ofender Maestre, usted me supera en edad y aún así sigue siendo Meffo, ¿qué diremos de mí, si solo tengo 21? – sonrió Nathael.

Kron se sentó tras el desvencijado buró y acarició su plateada barba. -¿Qué te pareció el libro? – preguntó.

– Creo que el fin de La Antigua Tierra no debió ser tan cruel – opinó Nathael mientras le devolvía el manuscrito.

– Solo los Dijú saben las razones por la que nuestros ancestros merecían tal final – respondió sabiamente Kron tras tomar la obra.

– ¿Maestre, sabe usted como eran las armas? –

– Me tomó algunos segundos archivar este libro en mi memoria, pero he podido durante años repasarlo muchas veces, lo cierto es que no logro imaginar la apariencia de tan mentadas máqui… – .

Una tos seca y áspera provenientes de los pulmones de Kron interrumpió el dialogo. El anciano dibujó en su barba lo que parecía ser una sonrisa, como quién se ríe de los años y extendiendo su arrugada mano tomó un tallado bastón de roble rojo kroviano.

-Creo que es un poco tarde Maestre debería descansar, yo me encargo de cerrar, confíe en mí – dijo mientras lo ayudaba a levantarse del sillón.

En A´Lorka las noches son sagradas, son las más hermosas de todos los reinos, la ciudad duerme en un silencio sedante,  la tercera luna, inmensa y esférica, ilumina la capital mientras las estrellas parecen cobrar vida, bailando como hogueras en el infinito manto fuliginoso, acompañadas en su danza por el vaivén de tulipanes púrpuras cuyos corazones brillan y hacen que la planicie parezca el reflejo del propio cielo.

…luego de que Kron abandonara el lugar, el joven comenzó a apagar una por una las velas que tenuemente alumbraban la gigantesca biblioteca. Los pasillos parecían infinitos, estantes colmados de una gran variedad de libros y pergaminos se levantaban hasta el cuarto piso de esta joya arquitectónica diseñada y construida por los Caromaddas (primeros hombres)… ya sus ojos se mostraban cansados y tras un segundo bostezo comprendió que ya era hora de tomar rumbo a casa, donde su madre, Iris de seguro lo esperaba despierta en algún sillón de la sala. “Iris Harfád, una mujer hermosa y esbelta de 38 años, pero con un carácter dinámico y explosivo, aunque solo dio a luz a Nathael muchos en la ciudad la llaman Mida (madre)”.

Fue entonces cuando escuchó un ruido proveniente del ala B, sala que alberga armas antiguas forjadas por los más reconocidos herreros y utilizadas con gran espíritu de paz en las guerras pasadas por los héroes de La Nación Escarlata. Se aproximo poco a poco a hurtadillas, tratando de no ser visto.

– Hey chico, no te acerques – susurraron.

– ¿Quién eres? – preguntó Nathael buscando el origen de la voz.

– Soy Akeer, y deja de mirar a todos lados, me encuentro a dos millas de aquí –

– ¿Akeer? ¿Mariscal Akeer? – preguntó el joven esta vez solo para sí. “Akeer Phalco es la máxima autoridad en A´Lorka, nombrado Mariscal por el mismísimo Rey Federico El Justo, descendiente del poderoso Clan A Maro (El Ojo), exterminado por el ejército de su propio país, La Nación Celeste. Con su singularidad Crummaro (El de muchos ojos) podría mantener una conversación a kilómetros del receptor solo con su mente e incluso podría leer sus pensamientos”.

– ¡Sí, me conoces!, pero eso no importa ahora, préstame atención. Hace un momento me percaté que las milicias de la biblioteca yacen en el suelo de la entrada, así que localicé a la Guardia Roja y ya estamos en camino, solo retírate sin ser visto, puede que estés en peligro, ¿comprendes? –

Ya el joven, algo confuso, había dado media vuelta, pero una carcajada en la sala de armas llamó su atención. Avanzó con sigilo aferrando su dorso contra el estante.

– Llevo años buscándote, hasta que al fin eres mío – se escuchó.

Nathael dio unos pasos más, cuando la visión de un sujeto a espaldas con tétrica apariencia lo hizo detenerse y sin quitar la vista del desconocido poco a poco fue retrocediendo silenciosamente, pero,  cuando quiso apresurar su escapada terminó chocando con uno de los armeros del local. El eco metálico retumbó e hizo que el extraño se volteara.

– ¿Quién eres? – preguntó el desconocido mientras avanzaba hacia el chico espada en mano

– Te hice una pregunta  – recalcó mientras acomodaba la punta de su empuñadura en la garganta del petrificado joven.

–  S…S…Soy Nathael, Nathael Harfád – balbuceó

– ¿Qué haces tan tarde en la biblioteca? – susurró tibiamente acariciándole la barbilla con el filo de la hoja.

– ¿No es hora ya de que estés acurrucado en tu cama, mm? –

– Cuido de este lugar y de cada objeto en su interior, soy el encargado de mantener en orden todo el local, así que te ruego por favor sigas tu camino en paz.

– Valientes palabras para alguien que puede perder la vida con solo un movimiento de mi mano. –

– ¡A´Lorka no es ciudad de cobardes! – exclamó el chico ignorando la burlona sonrisa del desconocido.

– Sabes, me resulta gracioso que lleve años dedicado a buscar Las Memorias Oscuras, de nación en nación, de reino en reino, he caminado miles de millas para hallarla y justo ahora que la tengo en frente, un mocoso como tú se interfiera en mi camino.

– ¿No sé de qué hablas? –

– Todos conocen la historia, como un ratoncillo de biblioteca como tú no iba a saber de lo que hablo –

– ¿Las Memorias Oscuras dices? ese libro no existe es solo un mito, una leyenda –

– ¡Te equivocas! Es un hecho. Todos los recuerdos de La Antigua Tierra prohibidos por Nadál, fueron cautivos en la obra que ahora reposa encadenada sobre aquel santuario, en sus páginas duerme la sabiduría absoluta, el poder de aquel que las lea será infinito – dijo el longevo personaje mientras señalaba hacia el salón que quedó tras abrirse una puerta, antes oculta tras un estante.

– Aunque digas la verdad y haya permanecido oculta en el Campanario de Elena todos estos años, la historia no se puede ignorar, ¿cómo piensas pasar sobre el Sura droyth? Nadie puede tocar los eslabones de su cubierta, a no ser que esté deseando perder su brazo, o tal vez su vida –dijo Nathael mostrando un poco de conocimiento acerca de la leyenda.

– Tienes razón, joven Meffo, veo que no me equivocaba respecto a tu don, nacer bajo la estrella de la sabiduría te ha proporcionado cierto poder intelectual, pero descartas que el sello maldito es una trampa para aquellas personas que son débiles y carecen de valor y astucia, pero ¨¨toda trampa tiene su mecanismo¨¨ dijo el guardián: y se romperán las cadenas cundo las quiebre aquel que conoce el origen de todo, doblegará su carátula aquel cuya sabiduría se desborde y emane de su mente y surcará sus líneas aquel que vea aún con los ojos cerrados. Sabias palabras de Tarío aunque de seguro no entiendes nada – dijo con tono irónico.

De repente Akeer interrumpe en la mente de Nathael.

– Es Conan el Dusshe, he percibido sus intenciones y piensa asesinarte. ! Escapa cuanto antes ¡-

Nathael miró a su alrededor toda la ala B, la que repleta de posibilidades para atacar o defenderse, esta vez solo colocaba a su alcance dos espadas, que poniéndole un poco de rapidez a su movimiento podría alcanzarlas antes de ser asesinado, la primera se distinguía por poseer un mango rojo escarlata y en su hoja ponía un grabado: Pore ra Nun Seq ra Tun (sácame con valor guárdame con honor). La otra, de empuñadura plateada, exhibía a lo largo de su frio acero lo que parecían ser dos inscripciones separadas. Pero, ¿cuál escoger?

De escoger a) roja……..de click en este enlace

De escoger b) plateada……..de click en este enlace

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