Capítulo 2 Opción a): Plumas Negras

 Plumas Negras

Kora no lo pensó dos veces, regresar era una opción absurda, esos malditos vinieron a por ella, como podría estar segura de que luego de su regreso no los matarían igual, simplemente les haría el trabajo más fácil. Pensó en su padre, él se notaba muy preocupado desde la ventana, corrió con suerte de que Owen al ser un Fardo (abreviatura del don Fardoss) pudo olfatearlos desde lejos, y su madre, su madre fue muy clara cuando le dijo que corriera. Serró los ojos y marchó en dirección a Dermacot mientras un sinfín de recuerdos le llegaba a su mente, quizás su sueño, aquel donde ardía en llamas mientras aún continuaba con vida se estaba haciendo real.

– Tu hija es fuerte, la has educado muy bien, no esperaba menos de ti – dijo el Crummer de la capucha.

– ¿Quién eres? ¿Qué objetivo tiene este agravio a mi familia? – dijo Owen desde el suelo, donde yacía con manos y pies atados.

– No parece que te acuerdes de mí, ¿quizás si me quito esta capucha? – dijo mientras la retiraba de su cabeza, pero un rostro envuelto en vendas aún ocultaba su identidad.

– ¿y ahora, te acuerdas de mí?- preguntó y por los orificios que mostraban sus ojos se escapaba una mirada de odio y rencor. Pero Owen seguía con su duda.

– Tu hija continua parada en el campo – dijo mientras ponía nuevamente la capucha en su lugar – sigue llorando, pero como dije antes, es muy fuerte, ya ha tomado una decisión y créeme Owen, no fue la correcta – levantó su brazo derecho, tan vendado como su rostro y con un gesto de su mano hiso que uno de sus acompañantes lo siguiera hasta el patio.

– ¿Y qué hago con ellos jefe?- dijo el ayudante descartado

– mátalos, a ella primero y has que el vea – dijo el que manda y serró la puerta trasera a sus espaldas

Owen no gritó, pues sabía que en la planicie las ondas sonoras se propagan muy bien y Kora podría escucharle, tragó todo su dolor y lloró, lloró sintiéndose culpable de que su esposa muriera de una forma tan desalmada y solo paró de llorar cuando encontró el descansó en el filo de la hoja que atravesaba su garganta.

Rulf, inmovilízala, debes llegar con una flecha a esta distancia – dijo mientras la brisa ondulaba las tiras mal enredadas en  su mano señalando a la chica mientras corría a milla de allí.

– No lo sé jefe, la veo perfectamente, mi arco está trenzado para llegar hasta más lejos y estoy acostumbrado a cazar animalitos en movimiento, pero, el viento sopla en todas direcciones, cabe la posibilidad de falle o quien sabe la mate – dijo el Fardo

– Creo que no me he hecho entender, no te lo he preguntado, te he dicho que lances la flecha – una mirada aterradora se dibujó en el rostro vendado.

– pero jefe ¿y la recompensa? – reclama Rulf a su superior

– si no lanzas la flecha no solo te quedarás sin recompensa, puede que pierdas la vida o quien sabe, quizás solo pierdas un brazo – dijo el encapuchado mientas ponía su mano en el mango de la espada.

Rulf tragó en seco, pues sabía que su colega era capaz, trenzó su arco hasta su hombro y luego de unos segundos su mirada se perdió en la lejanía, olfateo la briza húmeda, escuchó los torpes pasos de la chica alejándose  y  soltó la flecha, que velozmente avanzaba directo a Kora.

Una bandada de pájaros se alzó entre graznidos dejando dispersas en el aire un sinfín de plumas negras.

A caído jefe, le di, puedo verla tumbada en el césped y su grito, pude escucharlo, vallamos a comprobar…. –

– Olvídalo, no leo sus pensamientos, es inútil comunicarme con ella, ha muerto – sonrió – una lástima –

Fin del Cuento

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Una Familia Feliz