Capítulo 1 Opción a): Esclavo de la Oscuridad

Esclavo de la Oscuridad

Nathael tomó desesperadamente la espada cuyo mango, tan rojo como la sangre resaltaba a la vista y en un veloz movimiento quitó de su garganta el arma del Dusshe. Un silencio incomodo nació luego del chasquido de ambas hojas, pequeñas partículas incandescentes caían mientras se cruzaban miradas sombrías.

-¿Enserio quieres hacer esto? – preguntó el anciano mientras una gota de sangre proveniente de su hombro, dibujaba la trayectoria a lo largo del brazo armado. Conan solo miró su diminuta herida y a dientes apretados sonrió.

– No creas que me quedaré de brazos cruzados sabiendo la catástrofe que puede causar un libro tan poderoso en manos de alguien como tú. – y llevando su puño derecho al corazón pronunció: del héroe no seré su orgullo, seré su valentía, del búho no seré su visión, seré su inteligencia, del viento no seré su fuerza, seré su libertad, de la hoguera no seré el madero, seré su fuego

– Veo que eres muy valiente como para ser un crio, una lástima tener que deshacerme de ti –expresó mientras avanzaba.

– ¡No te acerques! – exclamó Nathael oprimiendo con ambas manos el mango de la espada a la altura de su pecho, señalando con la punta el rostro de Conan.

El Sabio observó durante unos segundos la hoja sostenida por Nathael y dejando escapar una carcajada involuntaria, leyó:

Pore ra Nun Seq ra Tun , sino solo te hubieras aprendido el lema de A´Lorka y hubieras estudiado mas la historia de tu reino, sabrías que Rubí, aunque es hermosa a la vista, no es una espada apropiada para alguien que pisa los talones de la muerte – “A inicios de la Primera Guerra, cuando las sagradas tierras de La Nación Escarlata fueron pisadas por las tropas Celestes, el párroco Thirion Balconor abandonó su parroquia en A´Lorka para alistarse al ejército del Rey Federico y contribuir a la defensa de su nación, por sus grandes logros bélicos fue nombrado General de Milicia. Thirion el Verdugo, como lo llamaban sus enemigos, título paradójico ya que este gran estratega militar nunca asesinó a un semejante, su espada fue conocida por poseer un mango rojo escarlata y su hoja sin filo alguno, forjada por sus propias manos. Rubí la nombró, un arma que no fue construida para matar”.

…Por un segundo, todo el temor que recorría el cuerpo de Nathael se podía observar a través de sus pupilas. Conan dejó de avanzar, serró sus ojos y estirando su brazo sangrante puso la ligera espada paralela a su cuerpo.

Pore A faro Endo A tore (muestra la luz tras las tinieblas)– susurró el Dusshe en Lengua Antigua. Acto seguido una luz radiante y tibia nacía en la hoja de su espada iluminando todo el campanario.

– ¿Qué me has hecho? – preguntó Nathael mientras se derrumbaba de rodillas en el polvoriento suelo y dejando caer de sus manos a Rubí, tocó sus ojos, y retorciéndose de dolor sintió como lágrimas de sangre brotaban entre sus dedos.

– Eso, querido Meffo, se llama Las Tinieblas de Luminosa – dijo mientras pasaba lentamente el dedo índice por el filo de su arma. “Esta magnífica espada perteneció a Tanya primera reina de La Nación Celeste, según las leyendas fue forjada por el cuarto Dijú, Nadal, quién escogió el día más resplandeciente del año más caluroso y fundió su acero con el primer rayo de sol, su mango era largo forrado totalmente de hebras de hilo ocre muy grueso, empezando por un guarda manos redondo y pequeño, su hoja era larga y curva, tan plateada era que su filo parecía brillar con luz propia. ¨Tu valor ha despertado en mí la curiosidad, sé que no deseas morir, no hoy, y yo te daré tu segunda oportunidad, serás mi primera amada, y tu regalo se llamará FaroLeesh (hoja de luz) Cuentan que su portador con solo desearlo podía privar de la vista a sus enemigos con la intensa luz que irradia de su hoja. Tanya muere en batalla, a fines de la Primera Guerra de Naciones, y desde entonces nunca se supo el paradero de Luminosa, como la llamaban”.

– Admiro tu valor – dijo Conan – enserio, no es nada personal, pero creo que sabes demasiado como para valorar tu inútil vida ahora que eres esclavo de la oscuridad –

Nathael no podía verle, pero si sentía sus pasos avanzando lentamente hacia él, trazando con la punta de su espada en el suelo una distorsionada línea que marcaba su recorrido.

– Este no puede ser mi final, no puedo morir así, todavía no – se decía a si mismo entre sombras como esperando un milagro de los Dijú.

– Descansa en paz- susurró Conan y luego el joven solo pudo sentir como el fino acero de Luminosa atravesaba su garganta sin ningún obstáculo, abriéndose camino entre gárgaras de sangre y dándole poco a poco una lenta y dolorosa muerte…

Fin del Cuento

Esto indica que has tomado la decisión errada, para volver a decidir de click en este enlace.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Una Familia Feliz