Deseos Inducidos
Jérek observó a Lyne por unos instantes, su cuerpo se mantenía firme e inmóvil, pero temblaban todas sus arterias, su corazón pasó de palpitar muy rápido a unos lentos estallidos, como si se detuviera por momentos. Sus trémulas pupilas la observaban, ella continuaba a la espera, armada, su cuerpo tampoco se movía, su rostro mostraba seguridad, como si realmente quisiera ser atacada, cuanto odio, cuantas dudas, cuanto dolor, se veía hermosa, posaba como la heroína de antiguas historias, Jérek bajó su mirada, la espada del monarca lo esperaba en el suelo, qué hacer, inclinó en un lánguido movimiento su cuerpo, en su cabeza los recuerdos se hacían presente, será que realmente toda su felicidad pasada había sido una farsa, los abrazos en la cama, los apasionados besos, las risas haciendo eco en la casa, sus sueños de forjar una familia, en un veloz movimiento Jérek agarró con su mano izquierda la muñeca de su brazo derecho que ya estaba a centímetros del arma – ¿pero que estoy haciendo? – pensó, irguió su espalda y mientras aún sostenía su antebrazo dirigió su mirada a Scáriot – no puedo – le dijo
– ! Atácame! – gritó Lyne nuevamente.
– Dije que no puedo, si el futuro que me espera a cambio me pide la vida de Lyne, no puedo, no quiero saborear la verdad con la amargura de haber matado a la mujer a quien amo. –
Scáriot sonrió – Las decisiones difíciles requieren las voluntades más fuertes – dijo – eres fuerte, aunque no lo parezcas, veo que amas mucho a mi hija, aun sabiendo que solo se acercó a ti porque se lo pedí, me agradas. Espero que no me odies por ponerte pruebas como esta, pero si algo me llevó a ser quien soy hoy, es gracias a que me tomo la tarea de conocer quiénes son los que me rodean, puedes quedarte tranquilo, no te irás de aquí sin las respuestas que buscas, si lo que quieres saber es quién tuvo que ver con la desaparición de tus padres, entonces debes conocer a cierta persona. –
– ¿a quién? –preguntó Jérek
– Hay algo que debes saber, cuando tus padres se marcharon de mi castillo hace ya 16 años, te conté que no quisieron mi escolta, pero yo amaba mucho a tu padre por así decirlo, me tomé la facultad de enviar a unos de mis hombres a seguirlos, regresó a todo galope y en las grupas de su caballo traía consigo a un sujeto atado de pies y manos, me contó que persiguió a la pareja hasta donde la oscuridad de la noche y las sombras de los árboles se hicieron tan oscuros que no pudo seguir su rastro, avanzó y luego de escuchar gritos y el sonido de los haceros al chocar forzó a su caballo hasta llegar a la escena, una galera se alejaba hacia el norte con tus padres a bordo, en el camino un jinete se quedó para cubrir la espalda de los asaltantes, mi hombre batalló con el jinete y este cayó herido, lo trajo consigo a mi castillo esa misma noche, pero tras innumerables torturas durante todos estos años, continua sin hablar. Quiero que te vea, quiero que el vea al chico que dejaron huérfano esa noche – Scáriot bajó de su trono y caminó pausadamente hacia Lyne, puso sus arrugadas manos vestidas de sortijas sobre los hombros de la chica y de un impulso la atrajo hacia su pecho, envueltos en un abrazo le dijo – te extrañé mi pequeña – Lyne solo lloraba.
– Síganme – dijo Scáriot, caminó abrazado de Lyne, Jérek los seguía por los estrechos pasillos del Castillo Blanco, los pasajes no parecían acabarse, siempre a la derecha mientras bajaban escaloncillos siempre al final de cada uno. Una gran puerta custodiada por guardias se abrió dando paso a que la claridad de las antorchas iluminaran la oscura mazmorra que se mostraba ante sus ojos. Una estrecha celda de acero quedaba justo al frente, muy parecida a una gran caja de hierro, se mantenía serrada herméticamente solo contaba con una pequeña ventanilla cuyo cerrojo también se mantenía cerrado a la altura de los ojos, los jóvenes se quedaron contemplándola unos instantes.
– A la derecha – dijo Scáriot. Justo al lado de aquella caja de metal se encontraba una celda a la cual la claridad no tocaba, solo una luz tenue se reflejaba en los barrotes.
– Élio, tienes visita – gritó Scáriot. Su voz hizo eco en la oscura celda, pero nadie respondió, solo se escuchó un funesto jadeo desde la celda sellada. Los jóvenes se asustaron.
– Tranquilos, no puede salir de allí – dijo Scáriot – ignórenlo, a quien viniste a ver se encuentra en esta otra celda, pero no quiere dar la cara parece – Jérek se acercó a los barrotes, y apretando con rabia el frío acero intentó fundir su visión con la oscuridad – muéstrate – gritó
Una débil y temblorosa mano se abrió paso desde las sombras y se aferró con fuerzas al brazo de Jérek, el chico asustado intentó zafarse, pero el prisionero parecía haber puesto toda su energía en aquel agarre, su palma parecía soldarse a la extremidad de Jérek, una larga y ondulada melena caía sobre sus cansados hombros, en un susurro le dijo algo al joven, pero este solo pudo ver el movimiento de una sucia barba gris. Se acercó un poco para escuchar al prisionero.
– Mata a Lyne – dijo este y acto seguido liberó el brazo de Jérek.
El chico estaba confundido, ¿Qué respuesta era esa, realmente el prisionero tenía que ver con la desaparición de sus padres?, un escalofríos recorrió todo su cuerpo, las palabras de Élio resonaban en su cabeza, hacían eco en sus oídos, – mata a Lyne, mata a Lyne, mata a Lyne – Jérek observó a Scáriot quien sonreía burlonamente.
– No te lo tomes a mal, no te mentí al decirte que todo fue una prueba, espero que aprendas hoy que no se puede confiar ciegamente, pero me alegra mucho que decidieras bajar a este calabozo – dijo el regente mientras le acercaba a Lyne tomándola por el brazo.
Jérek la observó un instante y una lágrima denunciaba su sufrimiento – Mátame – le dijo
Lyne estaba asustada, ¿por qué Jérek le pediría algo así?, se le acercó un poco, sus brazos se alzaron para tomarlo en un abraso, pero él solo retrocedió.
– Mátame – gritó Jérek mientras las lágrimas en sus ojos no ocultaban el odio que surgía en su mirada. Scáriot desenfundó nuevamente su espada y lanzándola hacia Jérek le dijo:
– Esta vez es muy diferente chico, sé que estarás confundido y no entiendes que te sucede, te preguntas porqué realmente quieres matarla, y si aprietas el mango de mi arma con ese ímpetu no haces más que comprobarlo. Pero no te preocupes, Lyne sabrá que realmente no es lo que deseas, simplemente estás influenciado por las ordenes de Élio, solo mátala y termina con este teatro, realmente me impacienta mucho –
Otra vez en la mente de Jérek las palabras de Élio se hacían presente, entre más observaba a Lyne más le surgía el deseo de matarla, sus pies se movían solos, no respondía a su propia voluntad, se preguntaba si realmente la odiaba por no contarle sobre su pasado o simplemente se dejaba llevar por los deseos inducidos en su cabeza ya antes revuelta. Mientras se acercaba a ella, su brazo armado se levantaba cual marioneta – Mátame Lyne, no dejes que Scáriot logre su objetivo, no soportaría vivir sin ti y ser el responsable, mátame y si es que nuestros recuerdos aún perduran y son ajenos a toda esta historia llena de farsas, vive con ellos, pero no dejes que sea utilizado como un títere, mátame – dijo Jérek, su rostro era el de un verdugo que disfrutaría el asesinato a cometer, pero en sus palabras expresaba el amor que sentía por ella.
Lyne sujetó sus cumass, secó las lágrimas que la cegaban con su antebrazo, Jérek atacó con un tajo vertical, ella esquivó solo a milímetros la hoja de la espada, algunos de sus negros cabellos caían tras el corte, en un ágil movimiento posiciono su suela derecha en el pecho descubierto de Jérek y tras separarlo con un fuerte envión, giró ligera cual viento lanzando una de sus cumass al rostro de Scáriot, el tiempo parecía haberse detenido, demasiada velocidad para ser esquivada, pero el Rey no se movió, la daga rebotó en un chasquido al hacer contacto con la frente de Scáriot, este solo sonrió, Jérek volvía al ataque, el filo de un desenfrenado ataque horizontal esta vez solo acarició la cabellera de la chica, quien esquiva bajando con rapidez a todo su cuerpo, desde el suelo puede utilizar su mano desarmada para atrapar la muñeca de Jérek, la inmoviliza, lanza su segunda daga por encima de su hombro en un intento de sorprender al regente, esta vez Scáriot no la notaría, pero la punta de la cumass chasqueó contra la dura roca tras el Rey, atravesando su cuerpo cual fuese solo aire, sin perder siquiera velocidad o trayectoria, nuevamente sonríe – Buen Intento hija mía – Lyne, solo serró sus ojos, el cuerpo de Jérek se estremecía para soltarse de su fuerte abrazo, ella solo lo abarcó más fuerte, un beso hizo que los ojos con pupilas asesinas se serraran un instante y la fuerza de Jérek disminuyó, mientras sus labios se fundían, tomó con su otra mano el mango de la espada y en un veloz giro quedó de espaldas a su amado – nunca obtendrás lo que quieres – dijo mientras miraba fijamente a su Rey y tras posicionar la punta de la espada en su abdomen inclinándola ligeramente asía arriba, empujó con toda su fuerza, ambos jóvenes quedaron unidos por el acero, los brazos de Jérek se estiraron hasta posicionar sus manos sobre las de ella y tras un cálido abrazo terminó de introducir parte del filo, sus labios quedaron justo tras la oreja de la chica y en un agonizante esfuerzo le dijo – Te amo –
Fin del Cuento
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