Murió en Silencio
– Bordearemos su campamento – dijo Nathael
– Mmmm, conque ahora no jugarás a ser el héroe – murmuró irónicamente Conan
– Cállate, solo estoy pensando en que realmente puede que tengas razón, ahora mismo desconozco de mis habilidades, y ellos parecen ser fuertes. Solo deja de molestarme y sigamos, daremos un ruedo alrededor de su campamento, tan lejos como para que esos Fardos no se sientan amenazados – dijo el joven mientras descendía de entre las sombras llevando de las bridas a su caballo.
Marko se levantó del tronco donde se encontraba sentado – Ya se han decidido, parece que intentarán evitarnos.
– ¿Los derribo con mi arco? – preguntó Rulf.
– No, dejemos que sigan con su camino, ya dije que no es bueno un enfrentamiento en esta zona del Claro, estamos en guerra – dijo Marko – partiremos al amanecer, nuestros caballos deben descansar.
El camino se hacía cada vez más intrincado, la noche era de un oscuro velo que solo daba paso a la tenue luz de un luna oculta tras nubes grises. Los pasos de Nathael se mesclaban con el ruido de los cascos de su caballo, descendía entre las grietas dejadas por el paso del agua en meses de densa lluvia.
– ¿No piensas descansar? – preguntó el Sabio.
– No tengo sueño, en estos momentos mi cabeza es un tornado – dijo el chico
– No es que me preocupe por ti – agregó Conan en su tono de siempre – total, ahora sé lo que se siente no poder dormir –
– ¿No te da sueño? – preguntó Nathael mientras tropezaba con las ásperas piedras del camino
– Jajajaja – se carcajeó Conan
– ¿Qué te parece gracioso? – preguntó el joven
– Ahora que lo preguntas, tengo que decirte que estar dentro de tu mente es un infierno, si tengo sueño, también tengo hambre y mucha sed, pero a diferencia de ti no puedo escoger más opciones que aguantar todos mis deseos, sufro la impotencia de verte comer y no saciar mi hambre, de verte dormir y continuar despierto, de verte andar y no saciar mi sed de explotar el mundo – Por un instante Nathael sintió algo de pena por Conan, realmente debería ser muy dolorosa su situación, pero luego pensó.
– Deja de quejarte anciano, tu codicia por poseer Las Memorias Oscuras te están cobrando impuestos, hazte responsable de tus actos por una vez – dijo Nathael
– Ya te crees muy valiente jovencito, en otras circunstancias hubiera hecho que te tragues tus palabras, pero solo logras que otra vez sienta impotencia tras desear matarte ahora mismo – murmuró el Sabio
– Shhhh – resonó con sus labios Nathael mientras detenía a su caballo, y observando el denso follaje de los arboles sobre su cabeza preguntó – ¿quién eres? –
Desde la oscuridad una risa inusual seguida del revoloteo de aves asustadas se escuchó vibrante. La silueta de un personaje cae desde la copa de los árboles y hace crujir las hojas secas del suelo.
– ¿Tienes un buen oído? – dijo el personaje misterioso
– Solo soy buen observador, mi caballo te delató – dijo Nathael mientras desenvainaba su espada.
El viento sopló con fuerza y tras el movimiento de las ramas la tenue luz de la noche reveló el rostro del recién llegado. Sus orejas eran cortas pero puntiagudas, sus ojos rasgados y de una pupila tambaleante, la piel y el pelaje de un zorro gris cubría todo su cuello, en su mano portaba un arco trenzado adornado con dos filosos colmillos de Fargur en cada punta. (Fargur, especie de Can, familia de los lobos que puede crecer hasta dos metros de altura).
– Mi nombre es Brook – dijo el arquero.
– Es uno de los Fardos que dejamos atrás – dijo Conan en la mente del chico
– Sé qué hace unas horas dejaste atrás a mi campamento, ¿estuviste expiándonos?, me parece de muy mala educación – dijo el perro de caza mientras observaba la punta de una de sus flechas oscilándola ante sus ojos. – ¿Sabes qué?, era mi turno de hacer guardia, pero unos deseos inmensos de cazar no me dejaban en paz, cada vez que observaba la fogata me imaginaba atravesando tu cabecita con una de mis flechas.
– No quiero problemas, si antes me notaste, debes saber que solo seguí con mi camino, viajo hacia La Celeste solo para comerciar – dijo el joven intentando eludir al cazador
– He notado que en ocasiones hablas solo, primero pensé que se trataba de un compañero, pero luego descubrí que debes estar muy loco, pero si es así, solo le haré un favor a este mundo mientras te asesino – dijo Brook mientras cargaba su arco.
– Antes de que me mates, quiero hacerte una pregunta – dijo Nathael – ¿Quién es la chica? –
– No tengo por qué decirte, pero ya veo que puedes oler tu final, no podría negarme a darle un minuto de paz a mi presa, la chica solo es un botín, es nuestro cofre del tesoro, asesinamos a sus padres y luego quemamos su adorable casucha, ahora será arrastrada a La Celeste donde la cambiaremos por oro, mucho oro – dijo el Fardo. Nathael recordó aquella vivienda carbonizada donde yacían dos cuerpos chamuscados, un odio frío recorrió toda sus vertebras. Apretó muy fuerte el mango de la espada que perteneció por generaciones a los hombres de su familia, y envuelto en un odio visible corrió en dirección al cazador.
– Kattara (origen) – murmuró Conan, acto seguido Nathael presenció una historia frente a sus ojos.
– ¿Qué sucede? – preguntó el chico, mientras avanzaba era como si todo sucediera muy lento, la espada se le relevaba, las imágenes de sus anteriores batallas en manos de sus antepasados pasaban por su cabeza, el hedor de la sangre, el honor, las victorias, las derrotas, todo una vida de violencia y muerte. El chico se detuvo, las náuseas le provocaron una seca y adolorida arcada.
– ¿Qué te sucede pequeño? – Preguntó Brook mientras apuntaba a la cabeza de Nathael– ¿A caso el miedo te ha petrificado? –
El joven se irguió nuevamente, apretó con más fuerza su espada y dejó escapar una leve sonrisa – ¿conque de esto se trata el origen? –
Brook retiró el dedo que sostenía la cuerda de su arma, la flecha salió disparada rompiendo el viento a su paso, estaban muy cerca como para fallar, pero, segundos antes de atinar contra el joven, la espada de este escudó con su hoja el impacto, desviando la flecha que perseguía su frente, dejando ver tras el filo de su arma una tenue sonrisa acompañada de una mirada penetrante.
Brook se asustó, – No puede ser – cargó nuevamente su arco y lanzó otra vez contra el chico, que se le acercaba lentamente. Otra vez la flecha fue eludida por la espada, tras un leve movimiento de la muñeca de Nathael, sin mostrar el más mínimo esfuerzo.
– ¿Quién eres tú? – preguntó el Fardo mientras caía bruscamente, sentándose en el suelo del bosque.
Nathael se detuvo ante él, puso la punta de la espada en su garganta y una mirada de odio se escapó entre sus pupilas.
– Sé que puedes oler tu final, pero no podría negarme a darle un minuto de tormento a mi cazador, tiemblas de miedo porque entiendes ahora que la vida tiene un reverso, una insignificante gota de agua puede con el tiempo romper la dura roca, una simple flor puede ser tan venenosa como una serpiente, hoy la presa muestra sus garras y dientes y el cazador no hace más que vibrar atemorizado. Me alejé de tu campamento porque siendo honesto, nunca pensé ganar una pelea contra tantos, pero tú has avivado mi hoguera, le has echado maderos al fuego que arde en mi pecho con valor, ahora sí que no podré continuar sin hacerles pagar por lo que han hecho – dijo Nathael y sin mover un músculo de su cara, desgarró la garganta del Fardo usando su espada como péndulo.
– Alguien se acerca – dice Rulf a su jefe mientras lo toca en el hombro
– ¿Dónde diablos está Brook?, se supone que estaría vigilando – dice Marko mientras se levanta del suelo. Tensa con fuerza la soga amarrada a su mano derecha y el quejido de Kora dentro de la tienda, le confirma que no ha escapado de allí.
– Es un jinete, se acerca a todo galope – dice el Fardo
– Ya casi amanece, si se trata de Brook lo voy a asesinar por desobedecerme – dijo el Crummer enfurecido.
– Se detuvo, ya no escucho los galopes – dijo Rulf y poniendo su mano sobre sus cejas observa en la lejanía, la aurora comenzaba a aclarar el terreno, los primeros rayos del sol se asomaban en el este y el rocío brillaba tenue en las hojas y pétalos de A´Gled (el claro) – puedo verlo jefe, se ha bajado de su caballo –
Nathael bajó de su montura, observó un instante sin poder distinguir bien debido a la lejanía, solo dos cuerpos erguidos junto a una fogata hecha cenizas, con la rodilla derecha hincada llevó dos de sus dedos a la frente, y permaneció con sus ojos serrados unos segundos.
– ¿Qué hace jefe? – preguntó Rulf.
– No entiendo, al perecer le da la bienvenida a La Gran Hoguera, debe referirse al sol, es una antigua ridiculez de los de la Escarlata –dijo Marko.
– Deme la orden y lo mato – dijo el Fardo mientras trenzaba su arco ya cargado.
– Este personaje es el mismo que nos expiaba anoche, ya se ha llenado mi cantara de la paciencia, hazme el favor de derribarlo – dijo el Crummer.
Rulf agudizó su visión, cada vez veía más de cerca al joven, pero de momento su pupila tembló atemorizada. El chico también tensaba la cuerda de un arco adornado con colmillos de Fargur en ambos extremos.
– Tiene el arco de Brook – dijo Rulf mientras se sacudía todo su cuerpo.
– ¿Y, cuál es el problema?, él no es un Fardo, es imposible que te dé a esta distancia, acaba de matarlo o te mataré yo a ti. – dijo Marko amenazante.
En la mente de Nathael se escuchó a Conan murmurar – Kattara (origen) – los ojos del chico divagaron por unos segundos y luego solo liberó la cuerda. Rulf temblaba, su ojo derecho observaba por encima de su arco como se acercaba una flecha, era un disparo perfecto, el viento le adicionaba una rapidez impresionante, la altura del ángulo de disparo fue bien calculada, la cuerda tuvo que ser soltada en el momento indicado, su cuerpo no podía reaccionar, solo tubo segundos para admirar tan majestuoso disparo, su pupila esperaba el impacto con asombro y admiración, y en su mente pensó – nunca he visto a nadie utilizar un arco como lo hace ese chico –
– ¿Pero en qué diablos estás pensando? – preguntó furioso Marko en la mente de Rulf, segundos antes de que una flecha impactara contra el pecho del Fardo, quien calló de espaldas muy cerca de la fogata. El Crummer llevó sus manos a la cabeza y con un estruendoso quejido apoyó la frente en la tierra.
– Aaaaagg, no me dio tiempo a salir de su mente en el momento del impacto, ya se me había olvidado lo doloroso que es, aaagggg – se quejaba Marko mientras golpeaba con sus manos ambos lados de su cabeza. Luego de unos minutos se levantó del suelo, Nathael avanzaba hacia él, retiró su traje encapuchado, dejando a la luz solo su cuerpo cubierto de vendas sucias de polvo y sangre, introdujo su cabeza en la pequeña tienda y lanzando hacia Kora el extremo de la soga que la sometía le dijo -si intentas escapar te asesinaré – la chica solo asintió con su cabeza, entre suspiros, se recogió en el suelo y serró sus ojos esperando a que todo fuese un mal sueño.
Marko caminó hasta el llano más cercano en dirección a Nathael, pisó las flores bajo sus pies ydesenvainó su fina espada, el chico continuó avanzando, despojándose del arco que aún sostenía, mostró también el filo de su arma.
– ¿Quién eres? – las palabras del Crummer resonaron en la mente de Nathael. El chico se detuvo por un instante, justo en frente de Marko.
– Un momento joven, no te precipites, se trata de un Crummer – dijo Conan.
– Por fin escucho a tu compañero – dijo Marko– pero no logro captar sus emociones, me parece una situación algo conocida –
– Me llamo Nathael, Nathael Harfád, soy nacido en A´Lorka,de la Escarlata, quisiera saber quién eres tú –
– Marko Stromer, nacido en Zaphir, de la Celeste, ¿qué eres, una especie de niño que juega a ser héroe? –
– Si me subestimas por mi edad morirás antes de tragarte tus palabras, no es la primera vez que escucho esa frase – susurró Nathael – aquí se terminan las presentaciones, luchemos – dijo y se lanzó contra el vendado. Conan estaba sorprendido de como el joven se había fortalecido en tan poco tiempo, quizás era parte del despertar de su don, o quizás algo más relacionado con la unión de ellos.
Marko predijo su ataque, en un velos movimiento su espada colapsó contra el filo del arma de Nathael – es inútil que intentes herirme, yo sabré todos tus movimientos mucho antes de que… – un ataque horizontal interrumpió las arrogantes palabras del Crummer, quien tuvo que reaccionar y esquivarlo para no salir dañado.
– Puedo leer sus pensamientos, sé por dónde atacará, pero se me hace muy difícil reaccionar, tiene una habilidad con la espada fuera de lo normal, este chico tiene el nivel de un Caballero Plateado (se refiere a la guardia personal del Rey de la Nación Plateada, quienes se dicen que son los mejores espadachines de la Nueva Tierra), debo atacarlo y vencerlo rápido – se dijo a sí mismo.
El Crummer apretó con fuerza el mango de su espada y cuando intentó cargar contra el joven, frenó su ataque y retrocediendo la hoja de su arma repelió el veloz estoque que le proporcionó el chico – No tengo tiempo de atacar, es muy rápido con la espada, si no hubiese leído sus movimientos me habría matado – pensó.
– Te seré sincero, es la primera vez que blando la espada más allá de una simple práctica, pero por alguna razón algo me dice que no podrás vencerme – dijo Nathael
Marko pensó un instante, el chico tenía razón, sus movimientos iban más allá de una simple predicción de sus acciones, no podría ganarle esa batalla, corrió en dirección a la tienda y se introduje en ella.
– Se que se trata de un duelo, pero me veo obligado a jugar sucio – dijo el Crummer mientras salía sujetando a Kora con su brazo desarmado, el filo de su espada amenazaba con degollar a la chica con tan solo un movimiento de su mano. Las pupilas del joven se dilataron, si lo atacaba podría ser el culpable de que Kora muriera.
– Hazlo, mátalo – gritó la joven. Pero Nathael dudaba.
– Sabes que si sueltas el arma, moriremos los dos – dijo Conan – olvídate de la chica, termina lo que empezaste, mátalo ya –
Nathael pensó por un momento y tras decidirse, una sonrisa se dibujó en el rostro vendado de Marko. La espada calló al suelo y luego ambas rodillas del chico, levantó sus brazos y le dijo – me rindo, pero prométeme que no le arán daño –
– Marko se acercóal joven y lo amenazó con la punta de su arma – míralo bien pequeña, recuerda su rostro mientras agoniza, porque este chico intentó salvarte y va a morir en el intento –
Kora observó fijamente a Nathael, el chico la miraba a los ojos y sus pupilas despedían un brillo cálido, la muerte lo esperaba pero por alguna extraña razón no titubeaba, se mantenía firme, Marko levantó su brazo armado y justo cuando lo dejaría caer, el grito de Kora, calentó el cuerpo del Crummer, una sensación dolorosa y conocida abrazaba todo el cuerpo de Marko, era fuego, sus vendas ardían como aquella vez en Sungela.
– ¿No lo entiendo? – Pensó Marko – ¿qué me sucede?, mi cuerpo arde otra vez, este dolor ya lo conozco, es el sufrimiento de sentir como mi carne se cocina mientras aún respiro, puedo olfatear el hedor de mis músculos calcinados, pensé que jamás volvería a vivir algo así –Dejó caer su espada, giró su cuerpo ardiente y se percató de que la chica aún lo abrazaba, su pelo rojo parecía una hoguera, ella era un demonio, un Fenrrik que alcanzaba sus 18 años de edad y despertaba su don, para cuando Marko intentó gritar su dolor al viento ya el fuego había consumido todas sus cuerdas bocales, murió en silencio, en el cálido abrazo de una joven desnuda. Las llamas poco a poco fueron extinguiéndose, hasta que Kora cayó al suelo entre las cenizas de Marko.
Nathael estaba petrificado, pero su mirada, por alguna razón no mostraba un sobresalto tras presenciar tan horrenda muerte, sus ojos estaban puestos en Kora, no podía asegurar si se encontraba maravillado ante la perfecta desnudez del cuerpo juvenil de la chica o simplemente se encontraba atraído como insecto ante la radiante hoguera en la que se había convertido Kora. Corrió hacia ella y sosteniéndola en sus brazos sintió la calidez de su cuerpo, retiró su fuoca gris (vestimenta de mangas largas y cuello, tejida con lana de corderos de la nieve) y la cubrió con delicadeza.
– ¿Te encuentras bien? – preguntó sonrojado
– Creo que si – asintió en un susurro la joven un poco avergonzada.
– Kattara – Un silbido conocido retumbó en la mente del chico y tras escucharlo viajó al pasado de Kora.
– Mi nombre es Ko… –
– Lo sé, lo sé, te llamas Kora – interrumpió el joven- Yo soy Nathael, Nathael Harfád –
Por primera vez Kora escuchaba el nombre de quien la salvó de una pesadilla que solo podría terminar en sufrimiento, recostó sus cabellos rojos en el hombro de Nathael y una lágrima recorrió su pálido rostro.
– Ya no debes temer, me quedaré contigo para protegerte – dijo el joven. La chica parecía dormir placenteramente.
– Espérame aquí, buscaré mi caballo – Ella solo asintió con la cabeza.
– ¿No pensarás llevarla en nuestro viaje? – preguntó Conan mientras volvían hacia la chica.
– No es asunto tuyo, yo decido si llevarla o no, no podría dejarla a su suerte – dijo el joven
– Eres todo un pervertido, pones por encima tus necesidades masculinas antes que su propia vida, sabes que nuestro viaje está lleno de peligros – dijo Conan
– No es eso – se sonrojó Nathael – es solo que me sentiría culpable si la abandonase, solo la llevaré hasta un lugar más seguro, luego continuaremos tú y yo solos –
– Debemos cabalgar hasta el pueblo más cercano, allí conseguiré ropa para ti, ven te ayudaré a subir – dijo Nathael mientras le brindaba su mano.
– Es que… solo tengo tu fuoca si me vieses desde abajo me daría mucha vergüenza… y creo también que si monto en el potro, así como visto me haría mucho daño ¿no crees? – dijo avergonzada Kora
– Tiene razón – pensó apenado Nathael – pensará que soy un pervertido que solo me aprovecho de la situación –
– Lo siento mucho, fui muy tonto – dijo el chico y acto seguido comenzó a despojarse de su pantalón de cuero. Kora el verlo rápidamente se volteó, sus pálidas mejillas se tornaban rosa.
– No es lo que piensas… – gritó apenado Nathael – solo te daré mi pantalón, eso es todo –dijo el joven mientras lo ofrecía a brazo estirado y su mano izquierda tapaba fuertemente su rostro, incitándola a vestirse. Ella los tomó y casi sin pensarlo protegió su desnudez con ellos.
– Ya puedes darte la vuelta – dijo ella. Nathael se volteó lentamente, y poco a poco fue levantando la vista, nunca había visto el cuerpo desnudo de una chica, sus años de trabajo en la biblioteca El Campanario de Elena habían sido realmente muy aburridos, ni siquiera había pensado en conocer a alguna mujer, siempre se miró en el espejo de su tutor, el Maestre Kron y pensó que su vida sería el espejo de ese viejo, ahora tenía de frente a una chica realmente hermosa, a medio vestir, tapada solo con la fuoca tejida por su madre y cubría sus piernas desnudas y sus partes femeninas con su pantalón, era demasiado para él. Sus ojos se paralizaron, sus pupilas comenzaron a divagar, estaba petrificado frente a ella.
– ¿Qué te sucede? – Preguntó Kora – ¿me queda tan mal? – El brazo de Nathael se levantó lentamente sin quitar la vista de la fuoca, su dedo índice señalaba el pecho de la chica. Ella bajó la mirada, solo para darse cuenta de que no había abrochado completamente la prenda, uno de sus adolecentes pechos se mostraba casi por completo.
– No mires – Gritó, para luego terminar de cubrirse. Subió al caballo y estirando su mano sin mirar se dirigió al chico – llévame a donde pueda conseguir algo de ropa decente y también un arma para defenderme – Nathael tomó su mano y subiéndose al animal retomó rumbo a la Celeste.
– Sujétate de mí, solo por tu seguri… – Los brazos de Kora se enlazaron alrededor del abdomen desnudo del chico, interrumpiendo sus palabras, el trotar del corcel era lento y uniforme.
– Cállate, no hagas que me sienta más avergonzada – dijo ella mientras reposaba su cabeza contra el dorso de Nathael. Ambosse perdían en el horizonte rumbo a Nursses (ciudad diminuta), villa de mercaderes al oeste de Zaphir.
El viento sopla muy fuerte en A´Gled, como si pasara limpiando los rastros de la batalla librada en sus tierras, una gota de sangre cae en la palma de su mano. El dolor lo retuerce, pero sabe que sigue con vida, se levanta del polvo y observa preocupado parte de la flecha que lo atraviesa justo en el pecho, camina tambaleante, justo sobre las cenizas del cuerpo de quien fue su superior, sus ojos se clavan en un pedazo de tela roja quemada.
– Es parte del vestido de la chica, hoy es mi día de suerte – sonrió Rulf burlándose de sí mismo mientras lo guardaba dentro de su morral – realmente no se para que Scáriot lo querrá, pero si la misión fracasó, espero ser recompensado mínimo por llevarle parte de su pedido – pensó para sí.
Fin del Capítulo
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